Eugenesia en el siglo XXI for dummies

¡Bebés a la carta! ¡Bebés por un tubo! ¡Pánico! La idea de que se pudiese modificar el genoma humano de forma precisa para programar a gusto el proyecto de persona ha sido fértil fuente de ideas para la ciencia ficción, muchas veces pesimista y distópica. Nosotros no teníamos por qué preocuparnos, sin embargo. Todo eso parecía tan lejano que muchos esperaban morir sin tener que devanarse los sesos de las implicaciones éticas y sociales de esa posibilidad.

Hasta ahora.

Esta entrada tiene tres objetivos. Primero, informar de la nueva tecnología que podría poner la modificación de seres humanos a nuestro alcance más pronto de lo esperado, entre otras muchas implicaciones para la biotecnología y la ingeniería genética. Segundo, introducir a algunos términos básicos para entender el debate que frecuentemente aparecen en la prensa o blogs. Tercero, intentar hacer entender que la idea popular de lo que esta tecnología permite, los famosos “bebés a la carta”, seguirán estando lejos de nuestra capacidad por un tiempo. Todo esto puede leerse por alguien sin una base fuerte en biología. Las dos últimas secciones pueden ser interesantes para el lego curioso, pero tal vez desorienten al que no tenga claros ciertos conceptos clave.

Como lector, solo te pediré un término de jerga profesional: entender “alelo” como las distintas formas de un gen. Para darte un ejemplo, todos tenemos el gen de la fibrosis quística (CFTR) o los múltiples genes detrás del color de los ojos, pero solo la gente con la enfermedad tiene un alelo no funcional; el resto tenemos pulmones normales. Del mismo modo, todos tenemos los genes que causan el color de los ojos, pero algunos tienen alelos distintos que resultan en ojos verdes, azules o marrones. La inmensa mayoría de la genética de los rasgos humanos difiere por distintas formas de un gen concreto, y no por tener más o menos genes.

CRISPR, el disruptor

Primero, ¿de qué tecnología estamos hablando? CRISPR es la forma en la que se suele abreviar clustered regularly interspaced short palindromic repeats(toma castaña. Por eso se abrevia), y las bases de la tecnología requieren cierto conocimiento de genética y biología molecular que tal vez sea difícil de entender. Vamos a intentarlo.

En su origen, CRISPR/Cas9 se podía entender como el sistema inmune de las bacterias frente a los virus. Estos, al ser poco más que una o dos cadenas de ADN o ARN, dependen totalmente de que la secuencia se mantenga correcta para parasitar al huésped y multiplicarse. La oportunidad estaba ahí y la evolución la aprovechó: hubo bacterias que desarrollaron un sistema para modificar el genoma invasor del virus de forma que quedase inservible o, por lo menos, incapaz de replicarse, salvándose con ello.

jusbdng.jpg

Este dibujito es el menos confuso que he encontrado. La cadena roja son los malos.

Todo este lío ya se sabía en los 80. La revolución llegó cuando el sistema logró “reprogramarse” para que cambiara la secuencia que uno quisiera y sustituirla por otra secuencia previamente decidida. De este modo, el plásmido (ADN circular) CRISPR, modificado, junto a ciertos ARN guía, puede reescribir la secuencia deseada a través de la acción de la proteína Cas9. Lo destacable del nuevo método es su extraordinaria simpleza, bajo precio y eficacia sin precedentes. Puede que leas sobre un avance reciente en el que en lugar de Cas9 se usa Cpf1. Este parece ser ligeramente mejor en casi todo para editar células animales, y ha generado cierto barullo con el tema de las patentes, pero aparte de eso las diferencias son mínimas.

Hay tres usos propuestos para esta nueva tecnología que podrían interesarte. Uno podría defender que es una importantísima baza a la hora de la investigación, haciendo “apagar” y “encender genes” muchísimo más fácil, y por tanto también descifrar su función. Por ejemplo, ya se está usando para acelerar de forma increíble la investigación sobre cáncer. Pero esto solo interesaría a los científicos de la biología molecular. Así que dejemos este cuarto interés aparte.

Uso número uno: mejorar la terapia génica. Esta sufrió un fuerte revés con la muerte de Jesse Geslinger en 1999, joven de 18 años que se había ofrecido como parte de los ensayos clínicos para curar su enfermedad. El vector viral que llevaba la forma correcta del gen causó una reacción autoinmune extrema y la muerte súbita. Aunque la investigación siguió tras la tragedia, y se ha discutido hasta que punto fue fallo del método y dónde negligencia de los científicos, sigue habiendo cierto tabú asociado, la sombra de este prematuro error conduce a la prudencia en nuevos intentos. Con el nuevo método, mucho más efectivo, preciso y seguro, podrían reavivarse las promesas de la terapia génica en medicina, cumplirlas al fin. ¿Un ejemplo? Aplicado al SIDA, podría hacer a tus células inmunes a la infección, o cargarse el virus de una persona ya infectada.

Uso número dos: se puede usar para afectar a ecosistemas. Esto requiere el apoyo del gene drive, una tecnología adicional que bien podría describir en una entrada aparte. Básicamente, el gene drive nos permitiría (en un ejemplo real que se está discutiendo cómo aplicarlo ahora) modificar una población de mosquitos de forma que TODOS sean inmunes a la malaria, haciendo imposible que porten el parásito y por tanto que se lo inoculen a la población humana local. Usada adecuadamente podría salvar millones de vidas. Usada mal, podría destruir ecosistemas enteros o ser un regalo al bioterrorismo. Baste decir que esta es la aplicación que más alarma ha causado para muchos expertos, incluso teniendo en cuenta que la siguiente es….

Uso número tres: aparte del uso médico, está la siempre presente opción de usar esta tecnología para modificar a nuestra descendencia, en una especie de nueva eugenesia personalizada. Serían modificaciones escogidas por los padres y hechas con precisión en el laboratorio, con sus riesgos y conflictos éticos asociados… pero sin embargo distinta a los crímenes del siglo pasado. El resto de la entrada se centrará en esta posibilidad. 

Terminología

La distinción crucial va entre afectar a la línea celular somática o la germinal, la que distingue el uso “médico” del “eugenésico”. Aunque no son palabras típicas en el lenguaje popular, la idea es bien sencilla:

Línea celular somática/Terapia somática: Se refiere a aquellas células que forman tus órganos no gonadales y no tienen que ver con la reproducción. El factor clave aquí es que una modificación(terapia) en su ADN no pasará a la descendencia.

Línea celular germinal/Terapia germinal: Se refiere a las células directamente relacionadas con la reproducción: gametos(espermatozoides, óvulos y sus precursores), cigotos y embriones. Una modificación aquí sí que pasaría a la descendencia de la persona que se desarrollase.

Para entender las consecuencias, la logística de algunos experimentos, los proyectos de terapia y también el debate ético hay que tener clara la diferencia. Una vez un órgano está desarrollado, se vuelve harto difícil modificar todas sus células, necesitando normalmente CRISPR el apoyo de un vector viral como ya se hace en terapias génicas tradicionales. La modificación es más imprecisa y seguramente también incompleta. Sin embargo, es a lo que nos tenemos que resignar los que queramos una curación a una enfermedad(o mejora) y ya hemos nacido.

Actuar sobre un gameto, cigoto o embrión tiene la ventaja de que lo que hagas se notará en todo el organismo una vez creza. Como ocurre antes de los millones y millones de divisiones que acaban dando un adulto, la modificación estará en cada célula de este. Su problema es que bueno, causa gritos de pánico ante la eugenesia irreversible, jugar a ser dios, los niños a la carta y el uso no médico. Sus consecuencias imprevistas tendrían efecto en todas las generaciones posteriores, dicen los escépticos. Tal acusación no me parece exclusiva de intervenciones ambientales que aceptamos sin problema, pero bueno, eso es otro tema.

La cosa es algo más complicada (hay terapia tanto germinal como somática que es específica de un tejido o tipo celular concreto, por ejemplo), pero este es un resumen claro de los términos como son frecuentemente usados.

Otra diferencia, hablando ya en plata, está entre la eugenesia positiva y negativa. Son términos antiguos que pueden resumirse de este modo:

-La eugenesia positiva propaga los genes que aumentan la probabilidad de que se manifieste un rasgo presuntamente deseable.

-La eugenesia negativa evita la propagación de un rasgo supuestamente nocivo o indeseable.

Podemos ver que es una diferencia importante. Todas aberraciones del siglo pasado que la gente asocia popularmente con la eugenesia, desde la castración de los “débiles mentales” al holocausto eran, a fin de cuentas, “eugenesia negativa”. Ningún proyecto para casar y aumentar la descendencia de los individuos presuntamente superiores (lo único que Galton llegó a proponer, por cierto) llegó tan lejos ni se tomó tan en serio.

Aparte de estas diferencias en tabú del precedente histórico, es importante distinguirlas porque guían la postura de muchos con respecto a la posibilidad de intervención. Algunos rechazan ambos tipos de eugenesia (o aceptan las dos), pero otros argumentan que solo una es permisible o deseable.

Por ejemplo, alguien podría argumentar que es bueno escoger embriones o “arreglarlos” para que no sufran enfermedades como la de Huntington, la anemia falciforme, la fibrosis quística o el Síndrome de Down; pero que dejar a la gente escoger genes a la carta es ir demasiado lejos, un acto imprudente que podría tener consecuencias tanto genéticas como sociales imprevisibles o indeseables.

Por el otro lado, se podría argumentar que la eugenesia negativa es necesariamente discriminatoria. Y que sienta las bases de la pendiente resbaladiza hacia ampliar lo que cae bajo el término “indeseable” o “discapacitado” hasta que gente considerada previamente normal sea abortada o modificada antes de tener la oportunidad de existir. Sin embargo, algo que mejore las vidas (eugenesia positiva) tendría un efecto netamente positivo, siempre y cuando nos cuidemos de otros posibles efectos secundarios (como mayor desigualdad).

He intentado no evidenciar ser partidario de ninguna postura sino simplemente describir neutralmente un breve ejemplo de cómo razonarían. Espero no haber fallado.

Las diferencias cruciales entre el debate del siglo pasado y el actual

Hay algo que si me gustaría enfatizar, ya que hemos hablado de sus posibles consecuencias a nivel de sociedad. Cuando se habla del tema sale la palabra eugenesia, casi siempre con la connotación negativa que conlleva el holocausto nazi, o también otros crímenes lamentables como las castraciones llevadas a cabo en EEUU y Suecia, a lo largo del siglo pasado, de supuestos individuos “tarados” por su pobreza o demencia.

Aunque desde luego el pasado oscuro de los intentos de manipular la línea germinal humana debería estar siempre presente y hacernos actuar con cuidado, creo que hay dos diferencias entre el debate del siglo pasado y el de ahora.

La primera diferencia está en el mero conocimiento. Los que no tengáis frescas las fechas de historia de la ciencia probablemente no lo sepáis, pero la inmensa mayoría de los crímenes llevados a cabo en nombre de la puridad de la herencia se hicieron antes de que se tuviese identificada que molécula era responsable siquiera. El ADN no fue declarado responsable de la transmisión genética hasta 1953. Los planes de los eugenistas de la primera mitad del siglo XX no solo eran inmorales, también eran totalmente ineficaces: muchos ni si quiera eran conscientes del concepto de “portador (hetericogoto) sano”. Y cuando lo eran, si un rasgo no se ajustaba a la herencia mendeliana(la única bien conocida en aquel entonces) llegaban a negarse a aceptar sus resultados y no publicaros. Inmorales, ignorantes y deshonestos. Menuda panda.

Creo que la actual genética molecular (que avanzan a una velocidad vertiginosa) está tan avanzada que no es descabellado comparar el conocimiento actual y el de los antiguos eugenistas con la diferencia entre la química industrial moderna y la alquimia. Supongo que lo sabríais, pero veo necesario enfatizar la vastísima diferencia de un siglo de conocimiento científico acumulado, sobretodo en un campo como este.

Segunda diferencia: aunque las intenciones de los primeros eugenistas, como Galton iban más por incentivar (incluso subvencionar) la reproducción de los “virtuosos”, pronto los supuestos superiores genéticos decidieron que les resultaría menos molesto dedicarse a impedir la reproducción de los “tarados”, mediante la fuerza o el soborno. Solo en EEUU (no digamos ya Alemania) se esterilizó a 65000 personas. Hablamos del gobierno limitando la libertad reproductiva de los desafortunados para fines supuestamente eugenésicos.

La diferencia realmente crucial es que este siglo nos encontraremos en la encrucijada vuelta patas arriba. Ahora lo que conllevaría limitar la libertad reproductiva de la gente sería evitar la mejora genética del linaje de la población, no iniciarla. La inmensa mayoría de los padres quieren el mejor destino posible para sus hijos. Esto es particularmente cierto en el caso de las enfermedades que causan una terrible pérdida de la calidad de vida de la descendencia. ¿Es correcto negar a los padres el derecho a poner todos los medios posibles para evitar enfermedades hereditarias? ¿Qué ocurre en campos que se alejan de la salud y los derechos básicos, y entran en la simple mejora de los rasgos que varían en la población normal? ¿Es frívolo o tan habitual como las mejoras clásicas por medios ambientales? ¿Es posible permitir esta tecnología sin generar mayor desigualdad? ¿Es posible prohibirla sin generar mayor desigualdad, al ser solo accesible para aquellos que puedan pagársela en un inevitable mercado negro?

No digo que debamos dar por zanjados los debates éticos, el avance tecnológico en pos de mayor precisión y seguridad o el análisis de las implicaciones sociales. Al contrario, deberían empezar tan pronto como sea posible. Pero hay que tener claro que todas estas preguntas son muy distintas a la que nos podíamos hacer el siglo pasado: “¿Es ético esterilizar o matar a alguien porque nos asusta la idea de que la gente como él o ella se multipliquen?” a la cual la respuesta es un rotundo no.

La falacia de los bebés a la carta

Hay un problema, sin embargo, que veo en la forma de que muchos medios informan sobre este tema, influenciados por la sensacionalización de los resultados y tal vez las novelas y películas sobre el tema. Esto es, creer que por el hecho de saber modificar el genoma tenemos acceso a un editor de personajes no muy distinto al de, qué sé yo, los Sims. O Spore.

Tenemos aquí la confusión más importante que quiero dejar bien clara: Ni aunque mañana pudiésemos decidir el genoma de nuestra descendencia, incluso dictado y sintetizado de cero e introducido en un cigoto previamente vaciado o alguna salvajada así, podríamos llegar al nivel de precisión de crear la persona deseada a la que nos tiene acostumbrada la ciencia ficción.

En parte es obvio. Todo rasgo de un ser humano depende también del ambiente, y ni si quiera un programador omnisciente podría crear la persona deseada solo con dictar el genoma, si nuestro sabelotodo no puede impedir que esta sea criada en un ambiente horrible que la haga crecer analfabeta, enferma y hambrienta hasta ser devorada por las hienas antes de cumplir los doce años. Pero incluso suponiendo que podamos también escoger un ambiente propicio, simplemente no tenemos la lista de los 20,000 genes y su función, en conjunto y por separado, que nos permita crear el cóctel perfecto para el resultado deseado.

Se entiende más fácilmente por analogía, así que allé voy. Secuenciar el genoma, lo que el proyecto del Genoma Humano logró a principios de siglo y tanto barullo montó, no es más que acceder al pdf del genoma humano. Nos permite leerlo, pero la edición está bloqueada. Esto ha bajado drásticamente de precio desde el primer caso, desde cientos de millones de dólares, miles de investigadores y años de esfuerzo; hasta ser algo casi trivial siempre y cuando tengas el funding necesario. Sigue dando jaquecas a veces, pero no hay comparación. En coste tampoco, ahora puedes conseguir una secuencia de un genoma completo por pocos cientos de dólares en cuestión de días. Confío en que antes de que servidor empiece a notar canas se venderán juguetes para secuenciar tu genoma con la caja de cereales.

(Vale, acabo de exagerar, pero solo un poco.)

Las nuevas tecnologías nos permiten editar el texto del genoma humano. Eliminar una enfermedad causada por un solo gen defectuoso sería como corregir una falta de ortografía que sangre a los ojos, como jobem, bamos haber o confundir ay, ahí y hay. ¿Pero después de eso, qué nos queda? Yo puedo saber inglés, pero eso no me permite escribir Hamlet desde cero. Con los genomas pasa lo mismo, pero con un lenguaje mucho más indescifrable que el inglés. 

¿Qué podrían hacer unos ricachones con pocos escrúpulos una vez la tecnología sea segura con el conocimiento actual? Bueno, podrían mejorar el bienestar de su hijo bastante, principalmente cambiando alelos de riesgo para enfermedades como cáncer, diabetes o alzheimer. Podrían seleccionar su aspecto, dentro de ciertos límites bien estudiados como el color de los ojos, el tipo y color de pelo o piel. Pero incluso moldear su rostro sería tarea harto complicada e inconveniente. Moldear su inteligencia, personalidad u otros rasgos conductuales o muy poligénicos sería poco menos que imposible. Como mucho podríamos aspirar, hoy por hoy, a un pequeño empujoncito en la dirección deseada, no del todo seguro. Nada más.

Repíteselo a cualquier amigo que comente el tema: Incluso obviando las barreras tecnológicas, incluso olvidando los efectos secundarios no deseados, no sabemos cómo el genoma influye en la mayoría de rasgos. Sabemos que lo hace. No sabemos cómo, que sería lo crucial para editar en plan catálogo, los “bebés a la carta”. Preocuparse por eso es como preocuparse por qué pasaría si se usa esa tecnología para crear los monos voladores de El Mago de Oz. Hasta nueva noticia, el elenco de modificaciones prudentes se limita a poco más que las bien estudiadas por su relación a la salud.

Ejemplo: George Church y las 10 modificaciones que metería a tu bebé

Vale, coñas con el título aparte, existe un investigador que ha llevado la contraria a la mayoría de sus colegas estadounidenses: él no ve el genoma embrionario como un santuario que no debe tocarse. Para este hombre, la ética de la edición germinal humana se reduce a su seguridad; tras esto se trata de una opción más para mejorar nuestras vidas. Es importante remarcar CUqwuHgU8AAT2TQ.pngque el Dr. Church no es exclusivamente un loco que hace experimentos inhumanos en el sótano de su casa (ya no), sino un profesor de genética en la universidad de Havard que dirige investigación biotecnológica valiosa y totalmente puntera. Estos son los diez alelos que él propone como versiones raras que, sin embargo, tendrían un efecto positivo notable que querríamos propagar:

  1. El gen MSTN tiene una variante que facilita la formación de masa muscular. Esta es muy rara, pero particularmente común en atletas.
  2. Ciertas versiones del gen para la hormona del crecimiento (GHR) no muestran un impacto notable en el crecimiento humano, pero son sin embargo anticancerígenas
  3. Alterar los genes CCR5 y FUT2 nos haría más resistentes a las infecciones víricas.
  4. Un alelo concreto del gen PCSK9 bajaría el riesgo de enfermedad coronaria un 88%, reduciendo drásticamente la mortalidad por accidente cardiovascular.
  5. Cierta mutación que causa actividad aumentada en el gen LRP nos daría huesos ultraduros. Ni si quiera el taladro quirúrgico convencional podría perforarlos.
  6. Otra mutación del gen APP tendría un notable efecto protector contra el alzheimer.
  7. Manipular el gen SCN9A lograría, sin hacer desaparecer esta por completo, reducir muy notablemente la sensibilidad al dolor.
  8. Variantes raras del gen IFIH1, responsables de la respuesta antiviral, protegen también contra la diabetes tipo 1.
  9. Silenciar, o al menos reducir la actividad del gen IFIH1, por su parte, protegería contra la diabetes tipo 2.
  10. Finalmente, una versión del gen ABCC11 relativamente común en el sudeste asiático lograría hacer que el olor corporal desapareciera casi por completo.

¿Qué te parece? Como mínimo hay que reconocer que ahorrarían mucho gasto médico y sufrimiento, y revolucionarían el uso del transporte público en el caso del último. Lo que me gustaría enfatizar es que no todos los genes nacen iguales. Unos pocos tienen portadores perfectamente sanos que sin embargo tienen una ventaja sobre el resto de los mortales. Alguien con profundos conocimientos de genética humana es capaz de casi asegurar que volverlos la norma en la población no tendría efectos secundarios no deseados. ¿Aceptarías las modificaciones que propone Church? ¿Seríamos capaces de quedarnos con este tipo de cambios sin ir más allá, hacia decisiones más frívolas, arriesgadas y tal vez egoístas?

Final: Precauciones generales

El ejemplo anterior nos sirve para ilustrar que no todas las modificaciones en nuestro genoma son comparables. Algunas, por su aparente seguridad y claro efecto en luchar contra las calamidades que amenazan nuestra civilización como el cáncer, el alzheimer, la diabetes o la peste a sobaco, podrían parecer a algunos imperativos morales una vez dispongamos de métodos seguros. Hablamos de la salud de la gente, dirían. ¿Pero qué ocurre si vamos un paso más allá? ¿Qué ocurre si queremos modificar a la gente no solo evitando enfermedades, si no mejorando sus capacidades?

Para muchos saldríamos aquí del campo de la medicina, pero solo para algunos hace la mejora de la especie humana un fin inmoral. Apelan a la supuesta sabiduría de la madre naturaleza, a la evolución como un maestro ingeniero cuya creación mejor no tocar, pues solo podemos dañar su obra maestra. Mi respuesta sería, después de la carcajada, que la evolución es un proceso ciego, lleno de errores, amoral para el estándar humano (pues solo “quiere” la multiplicación del mejor adaptado, algo que casi nunca casará con nuestras sensibilidades éticas), y que de hecho algunos divulgadores dicen que la mejor prueba a favor de la evolución son sus imperdonables gazapos y rodeos innecesarios en el desarrollo del ser vivo.

Dicho lo cual, cada modificación ha de evaluarse por separado. Aquí hay siete consejos, o si lo prefieres reglas, con las que evaluar tu confianza en una intervención genética. Cuanta más cumpla, mejor.

  1. La intervención tiene como objetivo genes que se activan en momentos breves y tardíos del desarrollo, embrionario u ontogénico. Esto reduce drásticamente el riesgo de efecto no deseados en forma de “cascada”, inesperadas influencias en el fenotipo final.
  2. También sería prudente empezar (o limitarse) a modificaciones que afecten a la variación normal de ese rasgo, en lugar de sobrepasar el extremo benigno de este. Por ejemplo, siendo el resto de condiciones iguales, supongamos dos opciones. La primera, una batería de intervenciones genéticas que suban el CI de la población más desafortunada genéticamente de forma que tras recibir una educación y ambiente favorecedor para todos, la nueva media de la población sea el actual 120. La segunda, planear en nuestro Laboratorio Del Mal™, con una apropiada tormenta de fondo, combinar las características genéticas de los genios de CI superior a 170 que tenemos secuestrados con la esperanza de crear un inigualable genio con una puntuación cercana a 240-300. Ética y factura de los efectos especiales aparte, es mucho más probable que la caguemos en el segundo intento.
  3. Los efectos de nuestra intervención deberían ser contenibles a un solo organismo. Es decir, si a pesar de todo hay efectos secundarios no deseados, estos deberían afectar solo al individuo sobre el que hemos intervenido.
  4. Deberían ser modificaciones reversibles, incluso si son sobre la línea germinal. Esto es, rutas lo bastante conocidas en el adulto que de salirnos rana la edición, poder revertirla con la terapia somática adecuada.
  5. Los efectos del gen deberían notarse, sobretodo, en un órgano o sistema concreto. Esto impide efectos inesperados en otras partes del cuerpo que puedan hacer el remedio peor que la enfermedad.
  6. La morfología general del individuo sobre el que intervenimos no debería verse drásticamente modificada. A más radical el cambio en el desarrollo, más probable son los efectos secundarios horribles.
  7. Por último, si queremos eliminar un alelo perjudicial, debemos asegurarnos de que las funciones de este son bien entendidas en, por lo menos, los contextos razonables del país en el que la persona vivirá. Incluso un rasgo “malo” puede tener efectos beneficiosos en otros contextos u otros órganos. Saber si hablamos de un accidente evolutivo en vez de un rasgo seleccionado, o si esa selección ocurrió claramente en un ambiente totalmente distinto a la sociedad moderna, podría darnos cierta seguridad de que sabemos lo que estamos haciendo.

Ninguna de estas siete direcciones es una garantía. En su lugar, son meras directrices con las que reducir el riesgo. Creo que se entienden fácilmente y que, incluso si son una simple lista de consulta en vez de algo memorizado, podrían ayudar a cualquier interesado a decidirse: ¿Es esta modificación genética que me proponen algo prudente, beneficioso, deseable? ¿O es demasiado arriesgado?

Conclusión

Se vienen tiempos interesantes, como decía la maldición china. El avance de la tecnología es en cierto modo, inevitable. Si no lo hacemos nosotros, otros países lo harán. Está en manos de los científicos, divulgadores y el público asegurarse de que se haga con el menor daño y el mayor beneficio posible para la población general, que no se repitan errores pasados ni se cometan nuevos, decidir hasta dónde estamos dispuestos a llegar. Es importante que promuevas el debate entre la gente que conozcas, que tengan las ideas claras, porque si hay algo que aseguraría el desastre sería una población desinformada que deja que otros escojan qué modificaciones genéticas hacer a la nueva generación por ti. Podemos romper las limitaciones de nuestra naturaleza y acabar más libres y felices, o caer en una distopía como la que incontables obras de ciencia ficción auguraban. Depende solo de nosotros.

2 thoughts on “Eugenesia en el siglo XXI for dummies

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s