Los efectos de la segunda guerra mundial en el número de cromosomas humano.

Muchas cosas de la historia de la humanidad hasta el siglo XX, los años 20 en concreto, se entienden mejor si tienes en cuenta que hasta entonces, el ser humano tenía 48 cromosomas.

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La historia empieza con Theophilus Painter, un eminente genetista que aún hoy es recordado por su trabajo descubriendo e identificando genes de Drosophila, la mosca de la fruta, algo con mérito en su época. En 1923, se propuso contar los cromosomas en una muestra humana, pues ya empezaba a intuirse que este podía ser un dato relevante para entender la genética de una especie. Tomó finas muestras de los testículos de tres hombres, dos afroamericanos y un hombre blanco que habían sido castrados debido a su demencia y comportamientos de autolesión. Cogió las muestras, las fijó con los químicos disponibles en su laboratorio y las observó al microscopio. De la maraña de cromosomas sin emparejar que resultó creyó contar venticuatro en los espermatocitos de su muestra, y esto fue lo que apuntó, seguro de su descubrimiento.

Como los gametos tienen la mitad de cromosomas que el resto de células(n), esto daba un total de 2n=48 cromosomas para el resto del cuerpo humano. Otros repitieron este experimento, incluso con otros métodos distintos. El consenso científico tras las replicaciones fue que había un total de 48(2n) cromosomas en la especie humana. Algunos de los que usaron también gametos contaron 23, otros 19, pero ante la autoridad de sus colegas que no paraban de sacar 24 como resultado, aceptaron los experimentos de sus compañeros.

Después de todo era razonable. Los primates con los que estamos más emparentados(chimpancés o gorilas, por ejemplo) también tienen 48 cromosomas en total. Durante tres décadas, nadie dudó de este hecho establecido por la investigación empírica, con revisión por pares y replicada independientemente en múltiples ocasiones. Había pasado todos los estándares para ser considerado conocimiento científico. Pasó a los libros de texto. Un grupo llegó a abandonar sus experimentos en las células del hígado porque solo pudieron encontrar 23 parejas de cromosomas en cada célula. Otro investigador logró inventar un método para separar los cromosomas, y al contarlos sin estar estos entrelazados también llegó a la conclusión de que había 24 parejas.

Para aquellos que tienen dudas al poder del proceso científico para obtener conocimiento, espero que les convezca que en 1925 el libro de Urantia, aún hoy defendido por algunos estadounidenses como una revelación divina, hablaba de 48 unidades controladoras y determinadoras de rasgos en las células humanas. La verificación de lo que digo incluye lo sobrenatural.

Entonces, en 1955, Joe-Hin Tijo, investigador de origen indonesio pero que realizó su trabajo en España y Suecia, volvió a realizar la cuenta con técnicas más modernas y precisas. Identificó 46 cromosomas. Llegaron incluso a encontrar libros de texto usados en las universidades del momento con fotos cuyo pie insistía en que había 48 en la imagen, pero en las cuales Tijo y sus colegas contaban 46. ¡Eso ahorra trabajo! Los siguientes libros de texto corrigieron esta pequeña errata treintañera sin demora en el pie de las fotos sin si quiera tener que cambiar estas. Un total de 46 es el actual consenso científico irrefutable.

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Tengo dos hipótesis para explicar los sucesos que acabo de describir.

La primera es que incluso los expertos pueden equivocarse, y la mayoría de la gente les seguirá el juego como borregos. El consenso científico, incluido el actual del cual dependen millones de vidas desde múltiples ángulos, podría estar sustentado en fallos tan simples que nuestros descendientes se partirán de risa leyéndolos si estos son destapados en un futuro próximo. Podría ser que haya algo muy humano en el mantenimiento de estos hipotéticos errores, temor a la autoridad, pereza de gastar tiempo y recursos en lo que todos dan por sabido, y tal vez la clase de pequeña ilusión que lo que “sabes” es capaz de causar en lo que “ves”. Después de todo seguramente más de un lector no se habrá molestado en contar los cromosomas de las ilustraciones de esta entrada y no se habrá dado cuenta de que había 23 pares en la foto debajo de la afirmación de que son 24, y 48 en la foto que hay justo después de la revelación de que todos los seres humanos vivos hoy que no sufrimos una aneuploidía portamos un total de 46.

En resumen, la primera hipótesis que explica esta historia es la simple falibilidad humana, que llega incluso a la ciencia y que puede perpetuar estos errores durante décadas, sin importar cuánto haya en juego.

La segunda hipótesis es que algo ocurrió entre 1923 y 1955, seguramente durante la segunda guerra mundial, que fue tan traumático que dejó huella en nuestro cariotipo, desproveyéndonos de una pareja de cromosomas de forma presumiblemente irrecuperable.

Personalmente me inclino por la segunda hipótesis. La primera es demasiado terrorífica para ser cierta.

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