El mito del mito del colesterol, o cómo la ciencia si se autocorrige

 

Aviso importante: Puede que nada más leer el título, o en algún momento de la lectura del artículo, sientas el irrefrenable deseo de informarme de que las estatinas son malas. A fin de facilitarte eso, toma esta referencia que muestra que las estatinas podrían envejecer las células madre. El autor es fan de SENS, Aubrey de Grey y toda esa gente del anti-aging y ve el envejecimiento como el factor de riesgo de todo lo malo para tu salud, así que seguro que eso le asusta. También podrías enlazar esto, incluso si no conoces si su método es más legítimo que el de otros estudios que dan resultados contrarios. Lo de 30 años de medicina basada en hebidensia dando 4 días más de vida es muy pegadizo. En general, cualquier googleo de “statins big pharma evil” debería darte material con el que continuar si no estás satisfecho con estas dos.

 

Trigger warning: Entrada que toca temas de nutrición y epidemiología. Usa referencias de ese oscuro ámbito .

 

Aviso importante para todo el mundo: No soy médico, solo estudiante de biología con tiempo libre debido a un reciente problema de salud interrumpiendo sus estudios, curiosidad y ánimo por entradas como la presente. Consulte a su médico de familia o chamán antes de hacer ningún cambio en su dieta, estilo de vida, o régimen de pastillitas.

 

“To kill an error is as good a service as, and sometimes even better than, the establishing of a new truth or fact.”- Charles Darwin

 

Suelo bloguear sobre cosas que considero interesantes en el ámbito científico pero ignoradas por el público, temas con polémica o mucha diferencia entre consenso científico y el consenso de la calle (o de otros blogs en internet). Esta entrada es una de esas últimas. Curioseando papers de genómica encontré que se dice lo contrario a lo que leo entre gente aficionada(y no tan aficionada) en distintos sitios webs, lo cual captó mi interés. Tiré del hilo y miré papers, citas de citas, discusiones, y esta recopilación es el resultado: el mito del mito del colesterol.

Creo que fue Krugman el que dijo que los intelectuales en general están tan alejados de la ortodoxia económica que uno podía hacerse pasar por un inconformista, alguien a quien le gusta llevar la contraria, simplemente citando líneas de un libro de texto. Parece que en este rincón de la fisiología humana estamos como en la economía, así que mi explicación inicial no se distanciará mucho de los esquemas simplificados típicos de los libros de texto de medicina.

El corazón bombea sangre[cita requerida]y esta es transportada por las arterias al resto del cuerpo. Por desgracia, las paredes de los vasos sanguíneos no son irrompibles[cita requerida] y acaban sufriendo lesiones a través de las cuales se filtran monocitos (un tipo de glóbulo blanco) a la zona íntima de la membrana arterial. Tras ello, se diferencian a macrófagos y proceden a secretar factores inflamatorios y de crecimiento que afectan al músculo liso jfghjfghjcircundante, y a hincharse de más y más gotas lípidicas(tanto que en el estadio tardío de este proceso se las describe como foam cells o “células espumosas”). Más macrófagos son enviados hacia los depósitos lipídicos en la pared arterial, y esto conduce a un círculo vicioso. En principio esto resulta en un endurecimiento de la pared arterial, produciendo el común
incremento de presión sistólica y por tanto más presión sanguínea en general, pero con el tiempo el problema puede agravarse tanto que el vaso se rompe o es obstruido.

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Aquí es donde entran los lípidos sanguíneos, o más bien las lipoproteínas que los transportan por la sangre y actúan como “reserva” adicional al intracelular de cada célula del cuerpo. Hay varios tipos, como puedes ver en la imagen:

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Sin embargo, en este repaso simplón nos limitaremos a que el HDL es el entendido como colesterol “bueno”, que recoge el colesterol de las células y también de las placas donde se acumula; y el LDL, o colesterol “malo”, como un componente necesario para el transporte al depositar el colesterol en las células tras ser captado mediante endocitosis, pero que en exceso(cómo definir “exceso” es tema posterior) y oxidado contribuye a la formación de las placas arterioescleróticas cosa mala:

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Los lectores indignados ante la falta de colorines en esta ilustración son invitados a darle color en Paint y dejar su obra de arte en los comentarios. De merecerlo, sustituirá a esta imagen.

Lo importante aquí es que generalmente se entiende el LDL como causa necesaria pero no suficiente para la formación de placa arteroesclerótica. De igual modo que el agua es necesaria para que un terremoto dé un tsunami pero distintas poblaciones costeras pueden estar más o menos preparadas para prevenir su destrucción, el resto de factores de riesgo (fumar, falta de ejercicio, obesidad, diabetes, alta presión sanguínea, inflamación, etc.) aceleran el problema y agravan sus consecuencias.

El mito del colesterol

El problema de enfrentarse al mito del colesterol es que la gente contraria a la hipótesis descrita en la primera sección es un grupo heterogéneo. Algunos niegan el proceso que acabo de describir por completo con argumentos moleculares o fisiológicos, otros hablan de observaciones de poblaciones con tal nivel de colesterol sin arteroesclerosis grave, otros aceptan el proceso pero considerar el colesterol poco importante comparado con los procesos de inflamación, etc. He hecho una lista de elementos que iré analizando uno a uno, y explicaré por qué incluso unidas no me parece que forman un cuadro convincente:

 

-No hay correlación entre colesterol y cardiopatías

 

-Grasas saturadas y colesterol en la dieta no predicen riesgo de cardiopatías

 

-Hay correlación, pero esta no es causal

 

-Otros factores de riesgo son más importantes: inflamación, ejercicio, salud pública, etc.

 

-Lo importante es el tamaño de partícula y no el LDL en sí

 

-Los niveles de colesterol “naturales” son muy altos, más de lo que hoy consideramos sano, y es improbable que la evolución dejase pasar de ser tan arriesgado para la salud

 

-Estudio Noruego HUNT2

 

-Problemas asociados a tenerlo bajo

 

-La mitad de los hospitalizados por problemas de corazón no tienen colesterol alto

 

-Ravnskov et. al mostró que en los mayores no hay asociación entre colesterol y mortalidad en ancianos/ Es distinto en mayores

 

-La hipótesis del colesterol es enteramente una campaña de marketing para vender estatinas

 

-Las estatinas hacen más mal que bien

 

Intentaré evitar los strawmen en esta entrada, así que estoy dispuesto a prestar atención a cualquier corrección o adición a la lista que podáis dejar en los comentarios.  Como la entrada es larga, cada respuesta larga tiene un resumen corto en negrita, después del “veredicto” en negrita y cursiva.

Finalmente, aviso: a lo largo de la revisión pareceré ir saltando entre medidas de HDL, LDL, todo-colesterol-no-HDL y resultados como mortalidad, enfermedad coronaria, infarto de miocardio, etc. No puedo hacer más que pedir disculpas y asegurar que tendré cuidado de dejar claro de cuál hablo en cada momento, pero la hetereogeneicidad de los estudios citados no me dejaba otra opción.

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-No hay correlación entre colesterol y cardiopatías: Falso

 

Resumen: El estudio más grande que he encontrado con N=más de un millón dice que tararí.

 

El estudio más grande que he podido encontrar, Peters et. al (2016) analiza 97 cohortes y más de un milllón de individuos. Encuentra que aquellos en la categoría más alta de colesterol total en sangre tienen un riesgo relativo de 1.77(hombres) y 1.55(mujeres) de tener enfermedad coronaria. Entre otros hallazgos, no encuentran un efecto significativo del colesterol en sangre para los infartos cerebrales, y atribuyen un tercio de la enfermedad coronaria y 2.6 millones de muertes anuales (el 4.5% mundial) a los niveles elevados de colesterol. Eso será importante más adelante.

Nótese que los resultados son heterogéneos, mostrando estudios que estiman entre 0.47 y 9.78 (¡menos de la mitad y casi diez veces más riesgo!) en mujeres, y resultados no tan variables pero igualmente destacables en hombres (0.93-3.77.) Como viene siendo habitual en este campo, un estudio aislado puede engañar mucho, y discutirle los resultados a los autores conllevaría discutir cómo dan peso a la calidad de cada estudio para sacar su estimación final.

 

 

-Grasas saturadas y colesterol en la dieta no predicen riesgo de cardiopatías: depende, probablemente verdadero

 

Resumen: Efectivamente la grasa saturada en la dieta no está asociada a complicaciones cardiovasculares (en parte porque es perfectamente posible sustituirlas por algo todavía peor) y el colesterol en la dieta tampoco, debido a que hay factores mucho más importantes para explicar la varianza en colesterol sanguíneo.

 

Esta es la parte en la que la “narrativa original” parece hoy haberse equivocado. Tras décadas de recomendar reducir las grasas saturadas y el colesterol de la dieta, una revisión sistemática encontró que las grasas saturadas en la dieta no están asociadas a mortalidad(ni general ni cardiovascular) y otra encontró resultados inconcluyentes en la asociación entre el colesterol de la dieta y la enfermedad cardiovascular.

De estos destacaría que el primero simplemente encontraba que sustituir las grasas saturadas por cualquier cosa puede significar riesgos iguales o peores. En el ejemplo de los carbohidratos, la sustitución de grasas saturadas por comidas de alto índice glicémico aumentaba el riesgo, mientras que aquellas de bajo índice glicémico (frutas, verduras, legumbres, granos…) reducían el riesgo. Para los matices recomiendo leer el estudio, que sin embargo si concluía sin demasiado lugar para las dudas de los riesgos asociados con las grasas trans.

En cuanto al segundo, simplemente parece que la relación entre el colesterol de un alimento y sus efectos en el colesterol de la sangre no son simples, y que otros muchos factores tanto genéticos como de estilo de vida influyen en la síntesis endógena de colesterol, un factor con mucho más importante. Por la evidencia que se llevaba acumulando desde hace tiempo en esta dirección, la FDA optó por quitar el colesterol de la lista de nutrientes “malotes”. ¡No me veréis coincidir con algo que dice la FDA con frecuencia!

Como referencia, críticos de la “diet-heart hypothesis” en nutrición como  Whole Health Source (@whsource, recomendando seguirle en twitter si tienes el más mínimo interés en nutrición) aceptan sin problemas el enlace entre colesterol sanguíneo y riesgo cardiovascular, y centran su crítica en que la cantidad de grasas saturadas en la dieta importan poco para el primero.

 

-Hay correlación, pero esta no es causal: Seguramente falso

 

Warning: Parte más larga.

 

-Resumen: Los estudios de aleatorización mendeliana y genómica, con bastante poder para resolver los problemas de causación inversa y variables de confusión endémicas de la epidemiología y la nutrición, encuentran que variantes genéticas asociadas con mayor LDL en sangre están relacionadas más enfermedad cardiovascular (pero no necesariamente al revés). El efecto protector del HDL no se encuentra en estos estudios, insinuando que es un indicador no causal de protección. Otros estudios como la efectividad de fármacos(que admito inconsistente/heterogénea) correlacionando con la cantidad de LDL que logran reducir y la covarianza a través del tiempo entre colesterol en sangre y riesgo cardiovascular dan apoyo a la idea de la causalidad.

 

El germen de esta entrada empezó cuando me puse a leer un péiper del bueno de Pickrell (@joe_pickrell en el tuiters) y su equipo , Detection and interpretation of shared genetic influences on 42 human traits” un currazo con el fin de identificar variantes genéticas detrás de más de un rasgo o riesgo de un resultado, un fenómeno viejuno conocido como pleiotropía. Supongo que lo principal es repasar los distintos tipos de causación genética y en qué nos ayudan a discriminar, con un par de ejemplos.

Ejemplo 1:

Empecemos con un caso que es probable que muchos lectores conozcan, el de la fibrosis quística. Sin entrar en detalles, diversos defectos del gen CTFR resultan tanto en problemas pulmonares como en frecuente esterilidad masculina. Siendo A una versión mutada de este gen, I) la enfermedad pulmonar y II) la esterilidad, sabemos que el modelo causal sería algo así

 

  1. I) <- A – > II)

 

Debido a que por nuestro conocimiento de la fisiología humana sabemos que los problemas pulmonares no causan esterilidad, sino que CFTR es también una proteína importante en los conductos seminales deferentes.

 

Ejemplo 2:

Supongamos que tenemos una población con marcadores genéticos asociados a un mayor IMC. Estos, a su vez, a igualdad de condiciones, se encuentran en un riesgo incrementando de diabetes, mientras que lo opuesto no ocurre.Lo cual nos daría apoyo para un modelo causal como este, donde A son los marcadores asociados a mayor peso, I es ganar kilos, II es el riesgo de diabetes y B es una variante totalmente distinta que afecta al riesgo de diabetes.

 

A -> I) -> II) <- B

 

Podría dar más ejemplos(hay variantes que suben el riesgo de todas las enfermedades autoinmunes, podría esbozar un A-> I, II, III… LII) pero creo que estos son suficientes para el caso que nos ocupa.

 

Muchos estudios de genómica y en particular un diseño llamado aleatorización mendeliana (Mendelian randomization, a veces mal traducido como randomización mendeliana, en honor al poco conocido monje Mendel que inventó los genes) intentan penetrar a través de la jungla de variables de confusión y causalidad inversa que reinan en epidemiología. Una buena referencia para informarte exhaustivamente de este método es Up to date: Mendelian randomization, una no tan perfecta pero en español sería Aleatorización mendeliana: presente y futuro de los estudios epidemiológicos en cardiología. El caso aquí es comprobar si variantes asociadas A asociadas a distintos valores del perfil lipídico de los pacientes I) están relacionadas con la mortandad cardiovascular II). 

Los resultados en el caso de la LDL han sido mayormente positivos. Es decir, una variante génica que te sube LDL te da más riesgo de ataque al corazón.

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La tendencia es lineal: En la imagen puedes ver variantes raras, estas están mejor identificadas en su mecanismo biológico y su fisiología es coherente con lo que esperaríamos de ser la hipótesis del colesterol cierta. 

Algunos críticos opinan que no se pueden extrapolar estos resultados genéticos a la población general. Esto tal vez tuviese fundamento en los tiempos en los que solo conocíamos la hipercolesterolemia familiar, en el que mutaciones como ausencia total de receptores dando obvios problemas fisiológicos y niveles de LDL en torno a 350-550 mg/dL para heterocigotos y 650-1000 mg/dL para homocigotos sonaban claramente a extremos exagerados. Cuando mutaciones de efecto moderado siguen prediciendo más o menos de forma lineal el riesgo cardiovascular, esta crítica es menos convincente. Las variantes comunes, ponderadas como puntuaciones poligénicas basadas en muchísimos SNP de efecto pequeño, también muestran un poder predictivo para todo el colesterol no HDL y el riesgo de accidentes cardiovasculares.

 

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Sacado de Helgadottir et. al 2016. GRS1 es la primera puntuación poligénica basado en 27 variantes raras y de baja frecuencia, GRS2 sacada a partir de 185 genes más comunes y de efecto más pequeño. Ambas predicen mortandad por enfermedad coronaria, edad en la que esta es diagnosticada y esperanza de vida. El material suplementario tiene otras formas de cuantificar el efecto para aquellos poco familiares con la β.

 

A esto añadiría la evidencia farmacológica de Ridker et. al, 2016 los autores mismos admiten que la efectividad de las estatinas es inconsistente, pero cuanto más LDL bajan más efectivas parecen ser.

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Por contra, la variación en HDL no parece ser un predictor causal. Es decir, aunque efectivamente es un indicador de protección vascular, lo es de la misma manera que las canas predicen problemas de salud por estar asociadas a la edad y no por ser tóxicas. En este sentido la “narrativa clásica” también se equivocaba, el “colesterol bueno” no es tal, y sabemos esto porque:

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A la izquierda, los estudios epidemiológicos convencionales, menos sensibles a detectar causalidad, mostrando más riesgo con LDL y menos con HDL. A la derecha, puntuaciones genéticas para niveles de LDL y HDL, el primero es todavía más alto, mientras que el segundo pasa a no ser significativo(el intervalo toca el 1 y el valor p es muy superior a 0.05) Sacado de Voight et. al, 2012

Resumen de otros estudios. El último, Zanoni et. al 2016 mostraba que es bien posible tener más riesgo de infarto de miocardio por una mutación que causa una subida en los niveles de HDL en sangre.

Apoyando esto está el hecho de que las intervenciones farmacológicas intentando subir los niveles de HDL no han tenido éxito. La literatura solo en el tema del HDL es muy extensa. A cualquiera interesado le recomiendo  The High-Density Lipoprotein Puzzle: Why Classic Epidemiology, Genetic Epidemiology, and Clinical Trials Conflict? como resumen del desacuerdo de distintos enfoques y Can We Make High-Density Lipoproteins Great Again? para una defensa de que lo que importa(causalmente, como diana de terapias) es la funcionalidad del HDL y no su cantidad.

Una persona razonable puede dejar de leer la larga entrada aquí. El resto son matices, comparaciones y objeciones a estudios concretos que los escépticos del colesterol sacan con frecuencia.

 

-Otros factores de riesgo son más importantes: inflamación, ejercicio, salud pública, etc. : Parcialmente cierto, por supuesto, pero el colesterol es muy importante

 

Resumen: Esto ya entra en asuntos de análisis de coste-beneficio, preguntándonos cuánto importa y no si lo hace. Bajar LDL e inflamación están asociados a menor riesgo cardiovascular, juntos es todavía mejor, otros estudios nos dan motivos para pensar que se trata de un factor importante, tal vez el que más.

 

Empezaré citando un estudio de Tromsø, Noruega, examinando los archivos sanitarios de casi 30.000 personas de 25 años o más. Encontraron que tras ajustar por edad y sexo, el riesgo de enfermedad coronaria había bajado una media de 3% por año entre 1994 y 2008. El 66% de este descenso parecía asociado a la disminución en factores de riesgo, de los cuales un 32% covariaba con un descenso de 14% en el colesterol medio en el perfil lipídico de los pacientes, 14% por cambios en presión sanguínea, 13% por menos fumadores y 9% por mejor actividad física, quedando el restante 34 sin explicar. Se trata de un seguimiento muy sugerente que aislado no serviría para establecer causalidad, pero es un ejemplo del colesterol como factor de riesgo que sería posible modificar con éxito e impacto relativo grande. Otros estudios muestran que tanto el LDL como el riesgo inflamatorio son objetivos encomiables para reducir el riesgo, pero que conseguir ambos es todavía mejor.

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En el asunto de intervenciones de salud pública, un cambio reciente ha sido tener como objetivo la educación y los niños en las intervenciones, después de ver lo difícil que es cambiar las conductas ya establecidas en un adulto. Los resultados, aunque imperfecto, son motivo de un optimismo cauto: véase por ejemplo Moving Countries Toward Healthier Lifestyles así como los estudios de intervención que citan en el caso concreto al que se refiere. Hará falta más (no ayuda a mantener una dieta sana el bombardeo constante de publicidad de comida basura al que se ven sometidos muchos jóvenes, por ejemplo) pero ya trataré eso en futuras entradas sobre la obesidad en general.

Por último, ya mencionamos que es el LDL oxidado el que tiene riesgo de acumularse en la pared de la arteria. Para acabar con los ROS el mejor antioxidante conocido es más ejercicio, y esto parece particularmente cierto en las personas cuyo riesgo cardiovascular procede del estrés. Así que cualquier cosa que promueva una población menos sedentaria reducirá el riesgo cardiovascular, obviamente. Y no, abrir un nuevo gimnasio en el barrio no vale.

 

-Lo importante es el tamaño de partícula y no el LDL en sí: Aún discutido, no invalida el poder predictivo de LDL sin más

 

Alguna vez podrás leer que lo importante no es la concentración de LDL en sangre (LDL-C) sino el tamaño de partícula (LDL-P). Aunque es cierto que a veces se encuentra que este último es mejor predictor que el primero, más frecuentemente medido, ninguno de estos estudios invalida los resultados ya comentados sobre LDL-C. Aquí admitiré no saber explicarlo mejor de lo que otros ya lo han hecho. Para una defensa didáctica de la importancia de esta diferencia, haz click aquí. Para un texto menos didáctico pero bien corto defendiendo que tanto tamaño como concentración importan y aportan a la arteroesclerosis de forma independiente, aquí.

 

-Los niveles de colesterol “naturales” son muy altos, más de lo que hoy consideramos sano, y es improbable que la evolución dejase pasar de ser tan arriesgado para la salud: Seguramente falso, en algunos usos falaz

Resumen: La mayoría de las fuentes encuentran que los cazadores recolectores tienen niveles de colesterol en sangre más bajo que nosotros. Los niveles en un occidental no tienen precedente en el resto del reino animal.

 

Esto es simplemente falso en las fuentes que me parecen más rigurosas. Un análisis de evolución comparativa arrojaba estos resultados, comparando tanto distintas culturas como animales salvajes:

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Puedes estimar que los valores de LDL serían la mitad de lo que dice la barra. En animales salvajes, donde la arteroesclerosis está simplemente ausente, y en cazadores recolectores de sociedades no industrializadas, los niveles son casi la mitad de bajos que el del yanqui (o español) medio. Es importante tener en cuenta el animal del que estamos hablando: los herbívoros tienen problemas para convertir el colesterol de la dieta en ácidos biliares y sufren arteroesclerosis fácilmente con el colesterol de la dieta, los animales carnívoros hacen esta conversión más eficientemente.

Un ejemplo de alguien que sostiene que los niveles evolutivos de colesterol eran altos es @muscleblog, en su foro donde usa el nick fisio. Antes que nada pido disculpas de antemano si ha cambiado de opinión, después de todo el post pronto cumplirá 3 años, pero en este caso las propias referencias que da refutan su sugerencia:

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Tabla de la primera referencia en el post del foro, mostrando niveles de colesterol entre los cazadores-recolectores inferiores a los nuestros

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Texto inferior a la tabla antes mencionada, explicando cómo la occidentalización causó la aparición de arteroesclerosis y problemas de corazón antes casi inexistentes en varias culturas.

Me gustaría dejar claro lo que no estoy haciendo. Esto no se trata de la falacia naturalista. Si la forma de solucionar los problemas del colesterol incluyese degollar cachorritos robot en una sopa de acelgas transgénicas, me lanzaría a ello sin dudarlo. Simplemente parece que realmente existen las llamadas “enfermedades de la civilización” que sufrimos a cambio de no tener que cazar nuestra comida (y la mortandad asociada) y otros beneficios de la medicina moderna que no están en cazadores-recolectores como los antibióticos. Parte de esto tiene pinta de ser por nuestra mayor supervivencia a edades avanzadas, pero otra parte parece realmente unido al estilo de vida y la dieta, y no a la longevidad.

Dicho lo cual, las fuentes posteriores que da muscleblog (el blog Perfect Health Diet) se quejan de la falta de fuentes de O’Keefe et. al 2004 a la hora de asegurar que los cazadores-recolectores tenían niveles de LDL bajos. Por suerte el gráfico de barras original y la tabla que me ha proporcionado el propio muscleblog dan bastantes fuentes, bastantes más que los pocos casos posteriores en los que se intentan defender niveles superiores a 200mg/dL.

En cuanto a su segundo post, no puedo acceder al tercer link, pero el cuarto, “Paleolitic Nutrition: 25 years later” cita el conseguir valores de colesterol sanguíneo y el ratio LDL/HDL muy bajos como una de las virtudes de la “paleodieta”, y explica el mecanismo por el cual creen que esta la consigue a pesar de los niveles de colesterol altos en la dieta.

Estudio Noruego HUNT2 demuestra que el colesterol no es peligroso, incluso protector en mujeres: Falso.

 

Resumen: Los autores cometieron un error al calcular el riesgo en cada intervalo de colesterol sanguíneo y mortalidad, que dos cartas al editor han señalado y de momento sin respuesta por parte de los autores .

 

Aquí parece que por increíble que parezca los autores no analizaron sus datos bien y comentario un error de cálculo: para los 4 intervalos incrementales de colesterol esta crítica señalaba que los riesgos deberían ser 1.0, 1.6, 2.5 y 3,5 para hombres (en lugar de los 1.00, 0.8, 0.87 y 1.05 reportados) y 1.0, 2.2., 4.0 y 5.5 para mujeres(ni rastro del supuesto efecto protector del colesterol moderadamente alto para mujeres)

Una crítica un poco más elaborada pero igualmente breve aquí.

 

-Schadeva et. al 2008: Mitad hospitalizados por enfermedad cardiovascular tenían colesterol bajo: El propio estudio citado refuta esta interpretación.

 

Resumen: El nivel “bajo” de este estudio era 100mg/dL y los autores lo usaban como prueba de que había que reducir la cantidad considerada peligrosa. Había más ingresados con 130mg/dL que con 70mg/dL

 

Este es un caso curioso: el propio autor parece mosqueado con el uso de este estudio por parte de los “escépticos”. Primero, que la mitad de los hospitalizados tuviesen colesterol “bajo”(en otro contexto sería difícil cazar a muchos de los escépticos aceptando menos de 100 mg/dL como tal) es totalmente compatible con la proporción de enfermedad coronaria atribuible al colesterol alto(un tercio). Además con una muestra sesgada como lo es una cohorte de hospitalizados de la que solo algunos tenían datos.

Basta leer el abstract del artículo para darse cuenta de que es una interpretación cogida por las pinzas, de todas formas: los autores llaman a reducir el LDL sanguíneo considerado peligroso y documentan que el 17.6% de los pacientes tenía un nivel inferior a 70 mg/dL y el 27,9% más de 130mg/dL, así que de todas formas los datos del estudio muestran una asimetría a favor de la idea del LDL alto como factor de riesgo.

 

-Perjuicios de tenerlo bajo: Hay poca evidencia de que existan, a menos que sean causados de por sí por una patología(como problemas de hígado)

 

Resumen: Personas con Hipobetalipoproteinemia, con niveles de colesterol muy bajos (<centil 5 o menos de 15mg/dL) no parecen tener efectos adversos en su salud, contrastando los casos de hipercolesterolemia.

Hay varios estudios mostrando que, al contrario que el colesterol y/o LDL genéticamente muy alto, el muy bajo no está asociado a problemas de salud sino a menos accidentes cardiovasculares y mayor longevidad. Por desgracia muchos de estos estudios tienen una muestra muy pequeña, haciendo difícil extrapolar a la población general. Una honrosa excepción es Glueck et. al 1997, con dos cohortes de 772 bomberos y 1479 hombres adultos.

¿Cuándo es LDL bajo una mala señal? Generalmente cuando va acompañado de problemas de hígado graso, malnutrición, esteatorrea o deficiencias de vitaminas liposolubles que también causan problemas de propiocepción y visión en la oscuridad. Sin embargo, por sí mismo no parece peligroso. Para más detalles podéis leer la sección “evolutiva” más arriba.

-Ravnskov et. al 2016 mostró que en los mayores no hay asociación entre colesterol y mortalidad en ancianos/ Es distinto en mayores: Toda la pinta de ser falso

 

Resumen: De nuevo, los estudios observacionales con muestras no representativas cuentan una historia y los estudios más sensibles a la causalidad otra.

 

Los colegas de Oxford ya hicieron una crítica al artículo que decía no encontrar relación alguna entre colesterol y mortalidad en ancianos. Incluye tanto quejas estadísticas (dos tercios de la muestra provienen de un estudio sin corrección multivariante cuando dijeron que no incluirían estudios así) como del campo específico (no se comprobó HDL, algunos problemas de salud disminuyen el LDL en edades avanzadas, etc.) Remarcaré:

Se sabe desde hace tiempo que los niveles de colesterol en sangre son un signo de la fragilidad que acompaña al envejecimiento

-Por este motivos y otros esta cohorte sufre del fenómeno llamado sesgo del superviviente: una persona que ha superado los setenta años y sin embargo tiene LDL alto muy posiblemente tenga otros indicadores de salud positivos, mientras que sus colegas menos resistentes simplemente se quedaron por el camino.

-Apoyando esta interpretación, LDL cholesterol still a problem in old age? A Mendelian randomization study mostró que mayor riesgo genético de LDL-C alto contribuye a mayor mortalidad incluso en la ancianidad. De nuevo, los estudios de aleatorización mendeliana son más sensibles a establecer causalidad.

Ha de notarse que el tamaño de efecto de este último estudio era bastante menor que en los anteriormente citados. Es posible que haya ciertas diferencias en como distintos niveles de lípidos sanguíneos son metabolizados y afectan a alguien según la edad: después de todo la hipótesis clásica del colesterol enfatizaba exposición a lo largo de la vida, no al final de esta. Una revisión para aquellos interesados en el tema es Cholesterol metabolism: A review of how ageing disrupts the biological mechanisms responsible for its regulation.

 

-La hipótesis del colesterol es enteramente una campaña de marketing para vender estatinas: Físicamente imposible

 

Resumen: El consenso científico es previo a la salida al mercado de la primera estatina.

 

A veces me quejo de que los enemigos de las farmacéuticas pecan de atribuirles demasiado poder(aunque muchas veces coincidiré en sus acusaciones de maldad) y este es un ejemplo. En 1985 un comité de expertos mostró su acuerdo en la hipótesis del colesterolEn 1987 salió al mercado la primera estatina, MEVACOR™®©, originalmente un compuesto natural y sin transgénicos sintentizado por los champiñones ostra. Entre los muchos poderes de las grandes farmacéuticas no está, aún y que yo sepa, el de viajar en el tiempo[cita requerida]

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“¡Rápido, Marty, si no conseguimos disparar las ventas de las estatinas en esta línea temporal, nunca nacerás!”

 

-Bueno, vale, pero las estatinas hacen más mal que bien: No me pronuncio.

 

Resumen: Las estatinas son imperfectas y es posible que en lo neto, dañinas. Este no es el tema central de esta entrada. Hay alternativas.

 

Este es un tema que sinceramente me traería sin cuidado de no ser por la insistencia de la gente cuando les dije que iba a hacer una entrada sobre “el mito del mito del colesterol”. Pedí referencias sobre el mito del colesterol, y me pasaron 4 contra las estatinas.

Empecé a curiosear del tema, y encontré Statin Adverse Effects
A Review of the Literature and Evidence for a Mitochondrial Mechanism. Soy un poco friki de todas esas movidas moleculares en torno a las mitocondrias, y lo abrí con ilusión, pero al notar que tenía nada menos que OCHOCIENTAS NOVENTA Y TRES referencias salí corriendo en dirección contraria. Puede que lo lea, pero después del trabajo para todo lo anterior me niego a hacer un análisis exhaustivo de todo eso para ver quién tiene razón aquí. Las farmacéuticas todavía no me pagan lo suficiente, lo siento.

Sí que me gustaría destacar que cualquier análisis de estatinas y mortalidad por otras vías debería ser a largo plazo, algo que algunos críticos de estudios recientes que he citado como el IMPROVE-IT deciden ignorar.

De todas formas, incluso dentro de la farmacología se están investigando otras vías. En esta referencia podéis leer sobre otro tipo de fármaco con un mecanismo distinto. La historia de los fármacos que intentan emular la mutación africana del PCSK9 también me parecen destacable, hasta bonita, por ser una mutación benigna, de gran efecto, y mostrar la importancia de muestras diversas e inclusivas en genómica.

 

Conclusión:

Negar que el LDL o simplemente el colesterol no HDL son marcadores de riesgo para problemas cardíacos y de mortalidad hoy día no es tarea fácil. Requeriría:

-Explicar por qué mecanismo pleiotrópico absolutamente todas las variantes genéticas que predisponen a una aumentan el riesgo de la otra

-Explicar por qué covarían en muestras supranacionales

-Ofrecer un mecanismo o fenómeno alternativo capaz de bajar el colesterol o LDL sanguíneo, explicando en un ejemplo el 30% de la reducción en problemas cardíacos, más que reducciones en presión sanguínea, tabaquismo o sedentarismo, sin papel causal de estos dos en ningún momento

Entre otros. Esto no significa que no haya otros factores más importantes en la salud, claro, solo defiende contra declaraciones de otros todo lo anteriormente citado como importante.

También muestra que, contra los cacareos de algunos frente a uno de los estudios que he mencionado más arriba, la ciencia sí se autocorrige. El colesterol bueno se consideraba tal de forma causal, con referencia directa a su cantidad, y ya no lo hace. El colesterol se consideraba un nutriente perverso por el cuál debías evitar huevos en tu dieta, esto ya no es así. Lo mismo aunque con menos rotundidad se aplica a las en su día demonizadas grasas saturadas. Sin embargo algunas cosas simplemente son ciertas, y resisten el paso de las décadas con intentos cada vez más fuertes de falsarlas.

Notas a entrada sobre modificación moral con fármacos

1. En las páginas 5 y 6 del final de la sección dedicada al Propanolol en la primera referencia puedes ver una recopilación de estudios que muestran el posible impacto de las respuestas emocionales que estos fármacos amortiguan en los prejuicios implícitos raciales. El problema es que una revisión reciente muestra que el método para medir los sesgos racistas implíticos (Implicit Association Test) no son un buen predictor de la discriminación posterior. El caso es que otro estudio sobre hasta que punto distintas variantes del receptor de oxitocina(mencionado más adelante en la entrada) influyen en el sesgo hacia tu propio grupo y contra el ajeno vieron que el IAT si predecía empatía hacia el dolor de otros grupos raciales, así que este tema es, como muchos, uno complicado y por resolver.

2 Un ejemplo de la clase de acción directa y dolorosa que planteaban en estos dilemas es la de estar escondiéndote de una invasión junto a tus vecinos. Los soldados del país enemigo están registrando todo en busca de supervivientes, y tu bebé, en tus brazos, parece a punto de romper a llorar. Basado en un caso real durante la invasión nazi, la pregunta es si te encuentras capaz de asfixiar a tu bebé de forma que no haga ruido, probablemente matándolo, con tal de evitar ser encontrados y morir tú, el bebé y los vecinos a manos de los soldados.

3  Sí, sí, vale, obviamente lo que se considera justo varía por culturas, pero aquí usaban el significado restringido occidental. Si te interesa el tema de cómo la definición de justo cambia de cultura a cultura de forma que se ve reflejada en estos jueguecitos psicológicos, tal vez te interese las distintas reacciones a la inequidad de siete culturas en Blake et. al  divulgadas aquí, las diferencias geográficas que el meta-análisis de Osterbeek concluyó que sabemos explicar más bien regular aquí  o la comparación de niños occidentales con pastores y cazadores recolectores africanos aquí. Este último encontraba, por ejemplo, que la idea de que hay que repartir un “botín” según el mérito relativo a la hora de obtenerlo entre los participantes no es universal. Ya dejo a tu interpretación si el que esa idea esté metida en los niños occidentales es cosa del azote del neoliberalismo en sus vulnerables mentes o qué.

¿Está usted moralmente modificado? El posible dopaje no intencionado de nuestra ética

Aviso de contenido para esta entrada:

 

-El autor no es médico y aconseja seguir con cualquier medicación prescrita por un doctor de verdad a pesar de lo mencionado aquí, o si los efectos resultan muy inquietantes para el lector, seguir tomándola hasta poder cambiarla por otra para tratar la condición que corresponda.

-Mención a trastornos psiquiátricos y distinciones de psiquiatría/neurología simplificadas frente a lo que al autor cree por falta de espacio. 

-Además, la mayoría de información está traducida de fuentes estadounidenses, especialmente (“Are you morally modified?” Levy et. al 2015). Es posible que cuando se mencione, por ejemplo, que un fármaco está en desuso, esto se aplique en EEUU y no en España o Europa en general.

 

Es frecuente oír quejas sobre los efectos secundarios de los medicamentos más comunes. Jaquecas tal vez más molestas que el problema que iban a solucionar, las complicaciones digestivas de aspirina y similares, la somnolencia de que sufren los alérgicos al tomar antihistamínicos… si no has sufrido uno de estos en sus propias carnes, seguramente si recuerdes alguien que te lo haya comentado. Es un fenómeno común.

Algo con lo que quizás no estés tan familiarizado es el debate de usar los fármacos o drogas para mejorar las capacidades humanas. Es un tema polémico entre filósofos y otros académicos, y hoy día salvo unas pocas excepciones por lo general socialmente aceptadas como el café, el doping está mal visto y es perseguido en muchos países. Un campo de discusión del que la mayoría de la población no parece haber oído hablar, sin embargo, es la mejora moral, o la idea de pastillas que hagan que la gente se comporte de forma más ética: que reduzcan el crimen, que te hagan más prosocial y colaborador, que te hagan donar más a la caridad o ayudar al prójimo, etc. Escoge la que se te ocurra; seguro que hay algo en lo que crees que la especie o la gente de tu país podría comportarse un poco mejor. El tema es, claro, altamente polémico, particularmente cuando alguien se cree con la autoridad de definir cuál es el comportamiento ético que deberíamos facilitar farmacológicamente.

No fue hasta hace más bien poco que a algunos científicos y filósofos se plantearon juntar ambos debates y preguntarse “¿Y si lo que estamos discutiendo ya está pasando? ¿No será posible que los fármacos, psiquiátricos o no, cuyo uso sabemos que está muy extendido tengan efectos en la psicología emocional y moral de la gente? ¿Y si ya vivimos en el mundo que estamos discutiendo si debería ocurrir?”

Lo que sigue es la demostración de que, efectivamente, ya vivimos en ese mundo, y los efectos morales de los medicamentos más comunes son un tema que podría ser muy serio y mucho menos explorado que otros tipos de efectos secundarios.

Antes de empaparnos con los estudios empíricos de los que disponemos, hay que dejar claro que la definición en sí de “ética” o “moralidad” da para tomos enteros. Para simplificar, entenderemos como tal las distintas creencias sobre como deben comportarse los seres humanos, y por tanto, los actos inmorales como los que rompen normas éticas. No nos importa (más bien depende del contexto) si estas son desde el punto de la vista de la sociedad, el individuo afectado o el lector. O si se hacen siguiendo paradigmas filosóficos conscientemente o no, o si estas creencias vienen de racionalidad, emociones o cualquier mezcla de las dos.

 

Trasfondo: Lo que ya aceptamos

 

En parte, la conclusión era obvia, una vez dejamos de lado nuestros lamentables prejuicios dualistas y aceptamos que nuestro sentido de la ética es también neuronas comunicándose a través de la química. Los fármacos que actúan sobre el cerebro actúan con menos precisión de la que nos gustaría, tan concentrado como está todo lo que eres en esa pelota de grasa que escondes en el cráneo. Si un medicamento para la alergia puede hacer que te entre sueño, ¿por qué no iban otros fármacos a afectar a tus intuiciones morales, a las emociones que te influyen cada vez que decides lo que está bien y lo que está mal, lo que debe hacerse y lo que no? ¡Incluso dejamos que pase!

Piensa en los medicamentos que se prescribe para el TDAH. La atomodexina y el metilfedinato, según la FDA, suman más de 15 millones de prescripciones anuales. La impulsividad es uno de los factores que alteran el riesgo del comportamiento agresivo, y en un sin duda polémico pero a mi juicio bastante sólido estudio, se demostró que los pacientes con TDAH cometen menos crímenes una vez medicados (Lichtenstein et al. 2015) No es necesario limitarse a los medicamentos psiquiátricos para encontrar este tipo de efectos, pero que nuestra intención sea que actúen sobre el cerebro ayuda. El Parkinson, que puede simplificarse como un déficit grave en la producción de dopamina, es tratado con agonistas de este neurotransmisor como el Pramipexol. Debido a que la dopamina es también el neurotransmisor de la motivación, el extremo patológico de este rasgo es un lamentable efecto secundario documentado en pacientes de Párkinson: bajo los efectos de estos medicamentos pueden verse arrastrados al mundo de las apuestas, la hipersexualidad, o en raras ocasiones, a las parafilias extremas(Bostwick et al. 2009; Wolters et al. 2008) .Un hombre que tomaba Parmipexol fue absuelto en un caso de posesión de pornografía infantil debido a que el jurado decidió que este comportamiento no tenía precedentes en el acusado, y por tanto lo consideraban causado exclusivamente por el fármaco (Fuente) . Recuerda esto, pues será relevante más adelante.

Sin embargo, esto son casos intencionados, o en el caso de los no intencionados, bien documentados y de fácil explicación. A continuación viene una lista de otros fármacos comunes, consumidos por millones de personas, cuyos efectos secundarios morales tal vez te pillen por sorpresa.

 

Beta-bloqueadores. El caso del propanolol

Los beta-bloqueadores son una familia entera de fármacos prescritos para problemas muy dispares. Me centraré en el propanolol porque es aquel que se ha usado en los estudios específicos que cito, pero es posible que otros medicamentos de esta familia tengan efectos similares. Solía prescribirse para la hipertensión, y aunque está en desuso, sigue usándose para esta condición y otras como anginas o migrañas, y sin prescripción no es infrecuente que los músicos lo usen para prevenir los nervios que pueda generar el escenario. En una encuesta anónima de los científicos de la famosa revista Nature, nada menos que un 15% confesó tomar beta-bloqueadores varios, mayormente para superar pequeños baches por el estilo como el miedo escénico dando una conferencia. Si esto es ético o recomendable se sale de los propósitos de esta entrada.

Lo que nos ocupa son otros de sus efectos. Primero, sobre la memoria, que llevaron a que se plantearse usarlo contra el trastorno del estrés post-traumático o TEPT. Bajo un marco teórico en el que este trastorno psiquiátrico se produce por recuerdos dolorosos consolidados en exceso, se propuso que los beta-bloqueadores podrían intervenir en este proceso bloqueando la fijación de los recuerdos mediada por la adrenalina(Pitman and Delahanty 2005). Esto trataría o incluso prevendría el círculo vicioso en el que los recuerdos traumáticos se disparan incluso ante estímulos poco relacionados, causando una fuerte respuesta emocional que por su parte contribuye a reforzar aún más el recuerdo.

El problema que se planteó después de estos prometedores resultados era el siguiente: ¿Por qué iba a ser el fármaco selectivo solo ante los recuerdos que consideramos traumáticos e incapacitantes? ¿No podría su uso afectar a la consolidación de todos los recuerdos por igual, o al menos a muchos más? Y efectivamente, esto parece ser lo que ocurre. Una peor memoria como efecto secundario para los que tomen estos medicamentos para la hipertensión, por ejemplo, parece preocupante de por sí, pero nosotros iremos más lejos.

No solo se veía afectada los recuerdos a largo plazo, si no también la memoria inmediata. En un ejercicio que consistía en decir si una palabra en una lista había aparecido en listas mostradas anteriormente, Corwin y sus colegas encontraron que aquellos que habían tomado propanozol tenían lo que se denomina sesgo conservador: los únicos fallos que cometían más que  los que no tomado la pastilla era decir erróneamente que una palabra que sí había estado en listas anteriores no estaba en la lista actual. Si este sesgo se extiende fuera del laboratorio, podría tener implicaciones malas o buenas según el contexto. Por dar un ejemplo podría hacer que un testigo de un crimen sea más reacio a identificar a la persona que tiene delante como el autor del delito. Eso podría considerarse positivo (¡el 90% de los absueltos gracias a las pruebas de ADN fueron encerrados basándose solo en testimonios de testigos!) pero en otros casis s, relacionados o no con juicios y crímenes, podría no serlo. Se ha estudiado también sus posibles efectos en las respuestas emocionales detrás de prejuicios implícitos como los que supuestamente alimentan la discriminación y el racismo, pero la metodología de estos estudios, recientemente puesta en duda por una revisión, queda relegada a una nota a pie de página1. De blog. De entrada. Eso.

También, y en contra de lo que los investigadores esperaban, después de ciertas pruebas de que este fármaco inhibe los arranques emocionales que a veces pueden nublar o complementar nuestro juicio moral, (Terbeck et.al 2013) mostraron que tras tomar propanolol los sujetos de estudio eran menos utilitaristas en sus decisiones morales. Presentados con dilemas en los que tenían que matar a un inocente para salvar la vida de otros inocentes, por ejemplo, se negaban a hacerlo. ¿Es esto malo o bueno? Dependerá de ti, lo utilitarista que seas y lo que crees que harías en esos casos. En esta nota2 al final puedes leer un dilema moral al que se enfrentaron, además del clásico dilema del tranvía que se dirige a atropellar a cinco personas que visitaremos en la próxima sección.

 

La polifacética influencia de los famosos “antidepresivos”

 

Los ISRS o Inhibidores Selectivos de la Recaptación de la Serotonina son comúnmente denominados antidepresivos, aunque esto es, en parte, erróneo. Parecen ayudar contra los trastornos del estado de ánimo en general, sean depresión, ansiedad, pánico, etc. Su función más documentada es bloquear la recaptación de la serotonina(¡sorpresa!) en el terminal presináptico, incrementando por tanto la cantidad de este neurotransmisor en las sinapsis. Algunos también tienen efectos similares con la adrenalina y la noradernalina. El tema de su efectividad es algo que conozco polémico, así que antes de que nadie me salte a los comentarios, podemos discutir esto privadamente. Recomiendo esta referencia, esta y esta. Que si no nos eternizamos.

El caso es que aparte de cómo cumplan aquello para lo que son prescritos, tienen otros efectos en el comportamiento social de voluntarios sanos. Tras tomar un ISRS parece que somos más propensos a cooperar, más sociales o incluso… ¡más justos! (Tse y Bond, 2003) (en la nota 3  puedes leer sobre la obvia objeción de que el concepto de justicia difiere entre culturas) En uno de los juegos que los psicólogos se inventan para medir estas cosas, “El juego del dictador”, nuestro dictador decide cómo repartir las recompensas de forma más  justa. Tal vez recuerdes de una entrada anterior el uso de las dietas bajas en triptófano para comprobar cómo afecta al comportamiento un bajón repentino de serotonina. Si lo haces, puedes saltarte la siguiente cita, si no, te recomiendo leerla:

 

¿A qué se refiere la predisposición en el caso de los trastornos psiquiátricos? Un buen ejemplo para entender esto(con cierta abstracción, pues es un experimento que causó condiciones poco realistas) es “Relapse of depression after a rapid depletion of tryptophan” ,donde una serie de pacientes que había pasado por una depresión mayor y otros que no habían pasado por esa experiencia siguieron una estricta dieta para eliminar el triptófano de su ingesta. El triptófano es un aminoácido no esencial precursor, entre otras cosas, del neurotransmisor serotonina, que varios experimentos enlazan a la depresión. Sin embargo, resultó que el déficit de serotonina inducido por la dieta modificada solo causaba recaída en los síntomas en los ex-pacientes de depresión y no en el grupo control. Pareciera, por este experimento, que la serotonina no es toda la historia, sino que hay una “vulnerabilidad” previa en el cerebro de algunas personas que hace que un bajón de este neurotransmisor tenga fuertes efectos en el estado de ánimo.

 

Pues bien, parece que sujetos sanos pero con sus reservas de serotonina agotadas cooperan menos en el famoso dilema del prisionero. El experimento (Wood et al. 2006) en que se descubrió esto parecía sugerir que solo era necesaria para iniciar la cooperación y no para mantener el comportamiento cooperativo ya empezado. La sugerencia aquí es, claro está, que los ISRS podrían tener el efecto opuesto.

Otro juego inventando por los psicólogos para escarbar en nuestras intuiciones morales es el Ultimátum. En principio es simple: Una suma, digamos 100€, ha de ser dividida entre dos personas. El truco está en que solo una propone cómo repartirla, y la segunda ha de aceptar la oferta o rechazarla. Si hace esto último, ninguno de los dos se lleva nada.

Una estimación robótica del comportamiento humano podría esperar que éste aceptase cualquier oferta, incluso 99-1, pues es mejor tener un euro que no tenerlo. Por contra, tenemos la costumbre de no aceptar ofertas tan obvia y extremadamente injustas, llegando a rechazar nuestro euro con tal de que el otro bribón no se lleve los otros noventa y nueve. Pues bien, aquellos desprovistos de triptófano rechazaban aún más las ofertas injustas(Crooket et. al 2008), sugiriendo que los ISRS podrían tener el efecto contrario, volviéndote más fácil de explotar modificando los límites de aquello que encontramos justo o injusto.

20141009 (1)

Aún hay más. Es posible que te suene el dilema del tranvía. En este, has de elegir si intervienes para que este arrolle y mate a una sola persona en vez de cinco. Existen dos formas en las que suele presentarse el dilema: en el primero, tu intervención consistiría simplemente en accionar una palanca de forma que esta cambie de sentido. En la segunda, has de realizar una acción más directa, y para muchos, más cruel: empujar a un hombre lo bastante gordo como para detener el tranvía, pero pereciendo en el acto.

 

TROLLEY

 

Personas con tendencias psicopáticas pueden decidir sacrificar a una persona para salvar a cinco o no, pero existe una diferencia entre ellas y el resto: cuando la acción es más directa y tiene mayor carga emocional, como en el segundo ejemplo, la personas normales dudan más tiempo antes de tomar la decisión y los psicópatas no. En el extremo contrario, aquellas personas que ya eran altamente empáticas antes de tomar el ISRS de este estudio(citalopram), eran mucho más reacias a dañar a alguien directamente (Crockett et. al 2010). Por tanto, aunque elegían pulsar la palanca como el grupo control, a la hora de decidir si empujar al hombre gordo hasta su muerte, solían decidir no hacerlo.

Queda claro que el efecto de tomar uno de los fármacos psiquiátricos más prescritos del planeta en nuestras intuiciones morales es polifacético, y el resultado final dependerá tanto del contexto como de lo que tú consideres moralmente correcto. Cooperar puede ser positivo en la mayoría de casos, pero no lo sería si hablamos de cooperar con las autoridades de la Alemania Nazi. Así mismo, no querer dañar a otros puede ser loable, pero deberíamos preguntarnos si es correcto que personas cuyo trabajo consiste en hacer juicios morales como los jueces, o castigar y usar la fuerza sobre otros si es necesario, como los policías, vean sesgados sus veredictos y acciones en esa dirección. También hay que destacar el caso de profesiones en las que el consumo de ISRS es más común que la media: en EEUU cerca del ¡35%! de los médicos sufre depresión (comparado con el 7% de la población general). ¿Cómo les influye en esta profesión? Dependiendo de tus opiniones en la eutanasia, que hipotéticamente los fármacos contra la depresión les hagan menos propensos a realizarla podría ser bueno o malo, pero es posible influencia también en casos menos extremos.

 

Oxitocina

 

Tal vez conozcas a la oxitocina. ¡La hormona del amor! ¡De los abrazos! La puñetera molécula tiene un asesor publicitario que ya me gustaría a mí: no es tan simple. Gran parte de la publicidad tanto positiva como negativa cuenta con un sesgo importante: está basada en la literatura que daba sprays nasales a individuos y observaba si su comportamiento cambiaba después. Existe un pequeño problemita con este método: hace poco, en todo un escándalo científico, se destapó que era frecuente ocultar cuando daba resultados nulos, y solo se publicaba la investigación cuando realmente ocurría algo. Todos estos estudios, por tanto, si bien no falsados, son una ventana sesgada a la realidad experimental que intentaré evitar referenciar aquí.250px-OxitocinaCPK3D

 

Igualmente, está más que comprobada la influencia de esta molécula en comportamientos como el instinto maternal, el enamoramiento, la confianza o la lealtad. ¿Cuál es el problema con esto último? Bueno, es que demasiada lealtad puede ser algo malo: una lealtad inquebrantable incluso tras ser traicionado puede ser perjudicial. (Baugmartner et al 2008) documentó esto mismo: niveles altos de oxitocina inhibían la atenuación de la confianza en alguien después de comportamiento desleal o dañino. ¿Qué consecuencias podría tener esto? En principio una sociedad en las que todos confían más en los demás puede parecer algo bueno, pero, ¿qué pasa si algunos se aprovechan de esta credulidad? ¿Tendrían más fáciles los tramposos, parásitos y aprovechados escapar de sus fechorías? ¿Serían estos comportamientos multiplicados si no reaccionamos adecuadamente? ¿Reaccionamos adecuadamente a ellos hoy día?

itLos fármacos que parecen subir los niveles de oxitocina incluyen los gluticorticoides para tratar el asma y otros problemas inflamatorios. Si esto se extiende a los efectos antes citados, ¿volverían los fármacos que permiten respirar bien a nuestro asmático más vulnerable a explotación y relaciones tóxicas? También lo incrementan los anticonceptivos orales. ¿Podría resultar más díficil para una mujer escapar, por ejemplo, de una relación abusiva, si está bajo los efectos de “la píldora”? Sé que no es típico hablar de esta forma tan “reduccionista” o “biologicista” de este problema, centrándose la mayoría de análisis sobre la violencia de género en el entorno social. Sin embargo, más de cien millones de mujeres alrededor del mundo toman anticonceptivos orales. Si los efectos secundarios de estos vuelven aún más duro psicológicamente de lo que ya es escapar de una situación de maltrato, es algo en lo que estamos fallando, aquí y ahora, a todas aquellas que los tomen y se encuentren en esa situación.

Por último, el lado más siniestro de la oxitocina es que sus efectos prosociales parecen limitados al “endogrupo”, o aquellos que consideramos iguales a nosotros. Tal vez para contrarrestar el cursi apodo de “el neurotransmisor de los abrazos”, algunos han aprovechado esto para apodarla “el neurotransmisor del etnocentrismo”(Tendencia comenzada, al parecer, por  De Dreu et al. 2010). Sea o no apropiado este apodo, tiene una válida base empírica(De Dreu 2011), aunque de nuevo hay que tener cuidado evitando los estudios de spray nasal. En una sociedad que parece estar evolucionando a considerar el favoritismo, racismo y nepotismo como males sociales, debería preocuparnos que fármacos comunes puedan favorecer este sesgo insconciente a favor de “aquellos que son como yo” y contra “los otros”.

 

Empatía

 

¿Te consideras capaz de, en sentido figurado, “meterte en la piel” de los demás? ¿Te causan los típicos vídeos de caídas cómicas de youtube más frecuentemente muecas de dolor que risas? ¿O por lo contrario te crees insensible al dolor ajeno?empatia2

Hasta qué punto el dolor empático es realmente “dolor” sigue siendo discutido en psicología y neurociencia (Zaki et. al 2016). Mi cínico pronóstico es que realmente existen por ahí neurocientíficos y psicólogos más y menos empáticos intentando que el laboratorio demuestre como universal humano lo que ellos sienten, pero en todo caso, un experimento en este debate nos interesa aquí.

Incluso si no te ha sonado un solo fármaco de los mencionados hasta ahora, es posible que te suene el paracetamol. Junto a aspirinas e ibuprofeno es una de las pastillas que casi todo el mundo tiene en el botiquín de su casa, al considerarse lo bastante inofensivo como para que sea común automedicarse con ellos con el fin de aliviar la mayoría de los dolores menores y pasajeros que te puedan interrumpir tu vida diaria. Pero es posible que sus efectos vayan más allá.

El único estudio de esta sección se trata experimento preliminar, pero a mi juicio bien diseñado: Mischkowski et al. 2016. Su intención original era comprobar si era posible usar fármacos para “mapear” funcionalmente el cerebro, es decir, comprobar experimentalmente si consumir paracetamol no sólo amortigua el dolor propio sino que también disminuye la empatía por el ajeno. Si en su mecanismo de acción es incapaz de separar ambos efectos, tal vez están más unidos neurológicamente de lo que los escépticos creen. Y efectivamente eso fue lo que encontraron: un efecto pequeño, pendiente de confirmar con estudios de neuroimagen en vez de con escalas puntuadas por los sujetos de estudio, pero aún así una significativa menor sensibilidad al dolor ajeno, tanto físico (vídeos de golpes y pisar chinchetas) como aquel más emocional (ser informado de la muerte de un padre o el suspenso de un examen importante). El tema de un pequeño descenso de empatía pasajero no sonaría tan importante de no ser porque se estima que el 23% de americanos consume paracetamol al menos una vez a la semana. Ríase usted del GTA.

Queda mucho por estudiar aquí. ¿Un fármaco cuyo efecto secundario sea hacerte más sensible al dolor aumentará también tu empatía como efecto secundario adicional? (¿Efecto terciario?) ¿Qué ocurre con las personas que sufren de dolores más graves y crónicos? ¿Se encuentra la empatía con los demás más atrofiada por la medicación en ellos? No lo sabemos. Una vez más, tirando del hilo, los millones de fármacos consumidos al año por la población podrían acabar teniendo efectos enormes que de otro modo no ocurrirían.

 

Conclusión

 

Unas aclaraciones finales antes de pediros que contribuyáis en los comentarios.

Obviamente, todos estos efectos no causan un cambio radical en la sociedad, determinista, que te programa borrando tu personalidad y preferencias previas. En su lugar, parece más claro que todos estos efectos son pequeños y probabilísticos, pero podrían tener consecuencias importantes en la sociedad por la gran cantidad de gente que los toman, magnificar los rasgos psicológicos de aquellos ya predispuestos y hacer más frecuentes comportamientos de otra forma extremos. También podrían comprometer el trabajo de algunas personas de forma insospechada, potencialmente tan grave como el camionero que toma pastillas que le marean a conducir. Sobre todo si vivimos a ciegas de ellos, como casi hacemos.

También tengo que confesar un pequeño sensacionalismo, que sin embargo no considero que condene la entrada entera. Los métodos de estos estudios no son los mejores, y en caso de aquellos cuya debilidad se ha demostrado ya me molesto en notarlo, pero aún así, pongamos que la mitad de los casos citados son falsos. Estudios mal diseñados, efectos demasiado pequeños o dependientes del contexto, como quieras. Esto, si bien importante para no entrar en pánico por ejemplos concretos, es algo que estimo de sobra compensando por todos los efectos que quedan por descubrir: si apenas hemos vislumbrado una décima parte del problema, entonces tras sacarlo todo y descontar los falsos seguimos teniendo un dilema cinco veces más grave del aquí presentado. Aún así, en (Crockett 2014)  este neurocientífico intenta calmar las preocupaciones con este tema defendiendo que el cerebro se habitúa a dosis frecuentes de los fármacos que le afectan, y marcando distinciones entre una persona con un trastorno tomando un medicamento psiquiátrico y los voluntarios sanos que forman el grueso de las muestras para los estudios que he consultado. Ilustrativo para este último caso resulta la empatía normal de aquellos que nacen totalmente incapaces de sentir dolor (Danzinger et al 2008).

Pero creo que incluso con esas matizaciones, este tema da para muchas preguntas interesantes, a saber:

-¿Es ético ocultar información o mentir si creemos que el paciente no tomará fármacos que afecten a su moral? Al considerarse algo mucho más cercano a nuestra “identidad” que una diarrea pasajera, es posible que gente que necesita tratamientos no quiera tomarlos por sus efectos morales. ¿Debemos informar de estos como hacemos con todos los demás?

-¿Hasta que punto es responsable legalmente alguien de un acto inmoral que cometió bajo el consumo de las drogas? Solemos considerar al que conduce ebrio responsable, pero al principio de la entrada viste un ejemplo de posesión de pornografía infantil que resultó en absolución por considerarse efecto del fármaco y no una acción libre y propia del acusado. ¿Dónde está la línea? ¿Cuánto debe influir si el presunto criminal estaba informado de los posibles efectos o no? ¿Es peligroso crear precedentes como este?

-¿Existe algún comportamiento al que tienes tanta manía que drogarías a la población en general con tal de sesgar sus emociones en un sentido que lo haga más frecuente? Imagina que tienes la posibilidad de volver concentraciones de algunos de los fármacos antes citados algo tan ubicuo en el agua corriente como el flúor que echamos para los dientes. Obviando esos detalles que la puñetera realidad siempre mete en medio de los thought experiments como los efectos secundarios, ¿algo de lo citado o alguna idea dentro de lo plausible te haría decir, “sí, quiero modificar moralmente a toda la población en esta dirección”?

-¿Conoces otros casos de estudios en los que se intente discernir empíricamente los efectos de fármacos comunes en nuestras intuiciones morales?

Estoy interesado en vuestras opiniones sobre el tema en los comentarios. Personalmente, yo no reconozco diferencia entre tratar una patología o mejorar un fenotipo normal. No valoro nuestra “identidad” o estado natural, a veces incluso lo desprecio, pero esto no significa que sus modificaciones no puedan preocuparme si están poco estudiadas o controladas, o que no quiera oír la opinión de aquellos que opinan distinto. 

 

Respuesta a “Tu habilidad matemática es fruto de tu trabajo, no de tus genes”

Este artículo es una respuesta algo improvisada a “Tu habilidad matemática es fruto de tu trabajo, no de tus genes” de @. Especialmente a la sección “Problemas de la teoría de la identidad”, pues es la que considero más problemática desde el punto de vista científico. La parte de diferencias de género un apunte final con el cual no tengo ninguna objeción y pareciéndome poco relevante la introducción “esta teoría lleva a peores resultados”. Digo esto porque incluso de ser cierto que creer en la teoría identitaria causase peor rendimiento, ello simplemente nos plantearía un dilema ético: ¿Deberíamos divulgarla, aunque al hacerlo se cause que gente la crea y por ende reduzca su rendimiento? Esta sería una pregunta interesante, pero es absolutamente irrelevante en la cuestión sobre si la habilidad matemática “está en los genes” o no. Las verdades “dolorosas” también son verdades.

Ah, y como siempre, aviso de que las referencias se acceden dando click a las frases que las requieren. Esta oración, por ejemplo, es también un enlace al artículo al que respondo.  Lo digo porque me temo que con la fuente del blog a veces no se nota.

Vamos allá, pues:

Además de dañino, este mito es falso o, al menos, no tiene ninguna base científica. La medida de la inteligencia más conocida que tenemos, que es el coeficiente intelectual (IQ), tiene una visión claramente identitaria, pero sufre de varios problemas que la hacen inconsistente con esta visión. Por un lado, es conocido que el entrenamiento en los test que la miden la hace aumentar

 

Es cierto que el entrenamiento en los tests es posible, pero esto no significa lo que parece intentar transmitir el autor. Los tests funcionan mejor si la persona no está preparada para ellos: entrenar simplemente causa error de medida, como evidencia de que el test pierde poder predictivo y (como bien señala el autor) este entrenamiento no se transfiere a otras capacidades cognitivas. Por poner un ejemplo, sería como ponerse hielo en la boca justo antes de que el médico ponga en esta un termómetro: solo serviría para engañar sobre tu verdadera temperatura, e inútil cuando el doctor pusiese el termómetro en tu axila. Por otra parte, no todo el mundo a quien intentas entrenar para que mejore en estos test lo hace a la misma velocidad. ¿Por qué será eso?

 

sin que esto se transmita a un aumento de la capacidad en otras actividades. Pero además, sabemos que existen entrenamientos sin relación directa con los tests que hacen aumentar la puntuación en estos:

“[…] we present evidence for transfer from training on a demanding working memory task to measures of Gf. This transfer results even though the trained task is entirely different from the intelligence test itself. Furthermore, we demonstrate that the extent of gain in intelligence critically depends on the amount of training.

Improving fluid intelligence with training on working memory
Susanne M. Jaeggi, Martin Buschkuehl et al.”

Irónicamente, aquí el autor referencia a un entrenamiento que podría ser válido precisamente porque tiene algo que los de la cita anterior no: se transmite a otras habilidades. El problema es que si la inteligencia fluida realmente mejora con el entrenamiento de la memoria de trabajo no es una pregunta “zanjada”, sino un controvertido debate científico que aún tiene a los mayores expertos del campo tirándose trastos. Véase como ejemplos:

  1. There is no convincing evidence that working memory training is effective: A reply to Au et al. (2014) and Karbach and Verhaeghen (2014)
  2. There is no convincing evidence that working memory training is NOT effective: A reply to Melby-Lervåg and Hulme (2015)
  3. Review of 2014-2015 Meta-Analyses on Working Memory Training for IQ and Working Memory

Confieso que las dos primeras referencias solo tienen como objetivo ilustrar que esto es una “pelea” entre los expertos con replies a replies. El tercer estudio es una revisión favorable de meta-análisis, pasado más en serio, pero los tres muestran el hecho de que esto está lejos de ser un debate resuelto.

 

Si funcionase el entrenamiento, sería válido precisamente porque no es como el caso anterior que no prueba nada: hablaríamos de “subir” tu temperatura en general, de mejorar tu habilidad de forma que la otra medida, de tu axila, también haya subido. Es decir, la mejoría no se limitaría a subir falsamente tu puntuación de CI sino que también mejoraría todas las habilidades asociadas, desde la cantidad de números que puedes retener en tu memoria de trabajo hasta la precisión contestando a las matrices de Raven y el rendimiento académico.

 

Por otro lado, debemos ser escépticos de que la medida del coeficiente intelectual sea siquiera realmente la medida de una inteligencia pura, innata o independiente de las condiciones en las que se desarrolle una persona.

 

El cociente(grrr, coeficiente) intelectual funcionaría incluso de ser 0% innato, y aunque no diré que “nadie dice” porque de patanes el mundo está lleno, ningún investigador en inteligencia que conozco definiría al CI como una inteligencia “pura, innata, o independiente de las condiciones en las que se desarrolle una persona”. Hay hasta gente que se dedica a medir cómo esas condiciones afectan a la puntuación.

 

El efecto Flynn muestra que las puntuaciones medias en los tests de inteligencia desde 1930 hasta el día de hoy han ido aumentando de manera sostenida. Las explicaciones más plausibles señalan a efectos de una mejor nutrición, sanidad y acceso a la educación. Cualquiera de ellas negaría directamente que la inteligencia, al menos la que miden estos tests, sea innata, ya que vendría fuertemente determinada por la calidad de vida de la persona.

 

Aquí se comete la falacia (en el sentido de error y no engaño intencional, creo) de creer que un rasgo parcialmente heredable no puede cambiar a través de las generaciones. El contraejemplo de esto es simple: la altura es altamente heredable y la mayor parte de las diferencias en esta, particularmente en países primermundistas con buena nutrición, viene de los genes. Sin embargo, la población en general ganó altura media a lo largo del siglo XX por mejoras en salud y nutrición. Lo que ocurrió es que esta tendencia secular fue, un “bono positivo” a la media de casi toda la población que antes tenía nutrición deficiente, sin que sus genes se viesen afectados. Aquellos que tienen muchos alelos que suelen acabar haciéndote alto seguían siendo más altos que los demás. Una subida en la media de la población nos dice poco de las causas de las diferencias entre los individuos. Sigue habiendo, relativamente y comparando con el resto de la población, altos y bajos, igual que el efecto Flynn, aunque mejore la puntuación de casi todos, no cambia el hecho de que sigue habiendo gente más y menos inteligente, por motivos que bien podrían ser genéticos.

De igual modo, el riesgo de acabar obeso es parcialmente genético, pero las tasas de obesidad de los países desarrollados lleva décadas aumentando. Simplemente, el nuevo ambiente obesogénico cada vez más común estos países no afecta a todos por igual, algunos son más “vulnerables” que otros, sea por ser más propensas a acumular grasa si siguen nuestra dieta moderna, a ganar más peso si son sedentarios y tener más dificultades perdiéndolo posteriormente con ejercicio, o infinidad de diferencias menos obvias que acaban resultando en más o menos peso. Con el efecto Flynn pasa lo mismo. No se puede tomar que el ambiente importa como prueba de que los genes no han de importar, pues la pregunta de la importancia relativa es válida y mucho más realista que preguntar cuál de los dos importa al 100%.

¿Y no habrá algún estudio dando pruebas de lo contrario, de que exista esa habilidad matemática? Lo hay. Tenemos un estudio que afirma que existe una diferencia innata en las personas para hacer “matemáticas”.

El problema es la concepción de matemáticas que tiene ese artículo. A los niños se les sometió a pruebas de estimación visual de cantidad, capacidad de lectura de números arábigos (que alguien me explique cómo se les ocurrió que esto tenía que ver con matemáticas) y cálculo mental sencillo. Para echar el rato, podéis jugar con la prueba de estimación de los puntos aquí. Creo que todos los que hemos llegado a las matemáticas de instituto comprendemos que eso tiene poco o nada que ver con el razonamiento matemático o con la capacidad lógica que nos interesa:

[…] The children who could make the finest-grained estimations in the dot comparison task (for example, judging that eight yellow dots were more than seven blue dots) also knew the most about Arabic numerals and arithmetic. According to the researchers, this means that inborn numerical estimation abilities are linked to achievement (or lack thereof) in school mathematics.

El autor escoge un mal ejemplo para representar al “bando innatista” (aunque no tan malo como estima, creo. Las pruebas simplonas que ponen a los niños, después de todo, predicen la capacidad matemática posterior). Un ejemplo mucho mejor es, para mi gusto, “Pleiotropy across academic subjects at the end of compulsory education“. Lo considero mejor por varios motivos. Primero, suple el problema que el autor señala con el estudio que cita tomando como referencia los resultados al final del equivalente a 4º de ESO en educación británica, usando sus puntuaciones en el GCSE(algo no tan distinto a nuestra selectividad, solo que dos años antes, claro).

Segundo, para separar la influencia relativa de genes y ambiente, usa el método de gemelos con una muestra de tamaño más que aceptable(12.632). El fundamento de los estudios lo describí en esta entrada:

Aunque no son la única herramienta [en genética conductual] de la era pre-genómica, es cierto que si son la más usada y mejor estudiada, por su gran utilidad y elegante simpleza que ahora procedo a explicar:

Como es posible que el lector sepa, hay dos tipos de gemelos: los idénticos o monocigóticos(MZ), y los gemelos dicigóticos o, más correctamente en español, mellizos(DZ). La diferencia crucial se puede deducir por su nombre: los primeros proceden de un solo cigoto surgido de un espermatozoide y un óvulo que se dividió más de la cuenta en el desarrollo temprano, y son por lo tanto genéticamente clones 100% idénticos. Los dicigóticos son tan parecidos genéticamente como cualquier hermano: 50%(y aún así pueden parecerse más entre ellos que los hermanos que no hayan compartido útero, por motivos varios).

Desde aquí la lógica experimental es sencilla: Compara los gemelos idénticos y los no idénticos, idealmente los separados al nacer y puestos en adopción, en el rasgo cuya heredabilidad quieras estimar. Si los gemelos MZ se parecen más entre sí que los DZ, podemos sospechar influencia genética, cuantificable si la muestra es lo bastante grande. Si los gemelos MZ y DZ no se parecen más a pesar del mayor parecido genético de los primeros, es que hablamos de un rasgo enteramente ambiental. Simple, intuitivo, y de deducción para toda la familia.

El resto de la explicación, por problemas de espacio, no la incluiré aquí, pero el link está más arriba. Los resultados que arrojó el estudio que nos ocupa fueron estos:

Figure 1

A corresponde a la heredabilidad o varianza genética aditiva. C al ambiente compartido( o “familiar”), y E al ambiente no compartido o “particular”. De nuevo una buena definición de cada componente ocuparía demasiado espacio, pero si evitamos confusiones típicas en respecto a lo que esto significa, podemos considerar A como “genes” y E+C como el “ambiente”, incluyendo pero no limitándose al trabajo de los alumnos. Vemos que un poco más del 60% de la varianza en las puntuaciones del examen GCSE en la sección de matemáticas se debe a las diferencias genéticas entre los estudiantes.

Tercero, escogí este estudio porque su segunda gráfica nos da algo ilustrativo en este contexto:

Figure 2

En esta segunda imagen los autores “corrigieron” sus resultados, mostrando “lo que queda” tras tener en cuenta que todas estas materias correlacionan con la puntuación en los tests de CI. Es decir, aquí descomponen la influencia relativa de genes y ambiente en todo lo que contribuye a las calificaciones y NO es inteligencia. Vemos que en este segundo análisis, A es más bajo para matemáticas, y de hecho es la más baja de todas. Esto significa que si tenemos una población de determinado CI (90, 110, lo que se prefiera), sí que es cierto que la habilidad matemática es más susceptible a los vaivenes ambientales positivos o negativos que el resto de materias. Esto produce los efectos que el autor cita en su artículo y también los efectos del “math anxiety” citados aquí. Pero incluso tras extraer la importancia de la inteligencia, sigue habiendo un componente genético a la habilidad matemática, así que la posición “innatista” o la “teoría de identidad” no necesariamente dependen de la validez o innatismo del CI.

¿Qué significa esto? Depende del nivel de habilidad que quieras alcanzar, o las condiciones de la población que quieras que alcance determinada habilidad. Sabemos, por ejemplo, que la habilidad aritmética de la gente le ayuda a hacerlo mejor económicamente. También sabemos que el nivel necesario para estos beneficios, no muy distinto al típico para aprobar la asignatura de matemáticas en el instituto, puede enseñarse a la mayoría de la población con la suficiente obstinación. Esto es destacable porque enseñar finanzas específicamente ¡no reporta esos beneficios!(mismo link) Ciertamente hay mucho que aún podemos mejorar.

Pero no todo el mundo aprenderá a la misma velocidad, algunos tendrán más dificultades que otros. Existen topes a lo que cada uno puede alcanzar, y fingir que todo es práctica y esfuerzo no hace favores a nadie. Resulta perjudicial para quienes sufren de discalculia, y previene a aquellos que han tenido suerte en la lotería genética de una tal vez necesaria cura de humildad. Para determinadas personas no ha de significar que existe un límite “firme”: mi ejemplo favorito para esto es el de dos maestros de ajedrez, mismo ELO, por definición si jugasen cada uno tendría un 50% de posibilidades de ganar, pero uno necesitó para alcanzar ese nivel 728 horas, y otro 16120. ¿Si la destreza en el ajedrez es fruto de tu trabajo, cómo explicaría uno esa diferencia de 22 veces más entrenamiento para alcanzar el mismo nivel? El esfuerzo o la práctica no significan lo mismo para estas dos personas: una misma mejoría en ELO le costaba al segundo individuo mucho, a pesar de que no era malo. ¡Todo lo contrario!: Alcanzó el nivel de los grandes maestros. Creo que con matemáticas pasa lo mismo. Llega algún momento, y depende de la persona, sus genes y su entorno si este es en el cálculo básico, el álgebra avanzada, o cualquier otro campo que se te ocurra, en el que la persona alcanza su “tope”, el momento en el que necesita una cantidad poco realista y molesta de horas de práctica para mejorar en ese nivel.

Una vez establecido esto, podemos plantearnos cómo enseñar a los jóvenes o cómo afrontar estos resultados, pero habrá que partir de la presunción de que son ciertos, por mucho que (erróneamente, a mi parecer) puedan minar la autoestima de algunos alumnos o las esperanzas de algunos profesores.

Eugenesia en el siglo XXI for dummies

¡Bebés a la carta! ¡Bebés por un tubo! ¡Pánico! La idea de que se pudiese modificar el genoma humano de forma precisa para programar a gusto el proyecto de persona ha sido fértil fuente de ideas para la ciencia ficción, muchas veces pesimista y distópica. Nosotros no teníamos por qué preocuparnos, sin embargo. Todo eso parecía tan lejano que muchos esperaban morir sin tener que devanarse los sesos de las implicaciones éticas y sociales de esa posibilidad.

Hasta ahora.

Esta entrada tiene tres objetivos. Primero, informar de la nueva tecnología que podría poner la modificación de seres humanos a nuestro alcance más pronto de lo esperado, entre otras muchas implicaciones para la biotecnología y la ingeniería genética. Segundo, introducir a algunos términos básicos para entender el debate que frecuentemente aparecen en la prensa o blogs. Tercero, intentar hacer entender que la idea popular de lo que esta tecnología permite, los famosos “bebés a la carta”, seguirán estando lejos de nuestra capacidad por un tiempo. Todo esto puede leerse por alguien sin una base fuerte en biología. Las dos últimas secciones pueden ser interesantes para el lego curioso, pero tal vez desorienten al que no tenga claros ciertos conceptos clave.

Como lector, solo te pediré un término de jerga profesional: entender “alelo” como las distintas formas de un gen. Para darte un ejemplo, todos tenemos el gen de la fibrosis quística (CFTR) o los múltiples genes detrás del color de los ojos, pero solo la gente con la enfermedad tiene un alelo no funcional; el resto tenemos pulmones normales. Del mismo modo, todos tenemos los genes que causan el color de los ojos, pero algunos tienen alelos distintos que resultan en ojos verdes, azules o marrones. La inmensa mayoría de la genética de los rasgos humanos difiere por distintas formas de un gen concreto, y no por tener más o menos genes.

CRISPR, el disruptor

Primero, ¿de qué tecnología estamos hablando? CRISPR es la forma en la que se suele abreviar clustered regularly interspaced short palindromic repeats(toma castaña. Por eso se abrevia), y las bases de la tecnología requieren cierto conocimiento de genética y biología molecular que tal vez sea difícil de entender. Vamos a intentarlo.

En su origen, CRISPR/Cas9 se podía entender como el sistema inmune de las bacterias frente a los virus. Estos, al ser poco más que una o dos cadenas de ADN o ARN, dependen totalmente de que la secuencia se mantenga correcta para parasitar al huésped y multiplicarse. La oportunidad estaba ahí y la evolución la aprovechó: hubo bacterias que desarrollaron un sistema para modificar el genoma invasor del virus de forma que quedase inservible o, por lo menos, incapaz de replicarse, salvándose con ello.

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Este dibujito es el menos confuso que he encontrado. La cadena roja son los malos.

Todo este lío ya se sabía en los 80. La revolución llegó cuando el sistema logró “reprogramarse” para que cambiara la secuencia que uno quisiera y sustituirla por otra secuencia previamente decidida. De este modo, el plásmido (ADN circular) CRISPR, modificado, junto a ciertos ARN guía, puede reescribir la secuencia deseada a través de la acción de la proteína Cas9. Lo destacable del nuevo método es su extraordinaria simpleza, bajo precio y eficacia sin precedentes. Puede que leas sobre un avance reciente en el que en lugar de Cas9 se usa Cpf1. Este parece ser ligeramente mejor en casi todo para editar células animales, y ha generado cierto barullo con el tema de las patentes, pero aparte de eso las diferencias son mínimas.

Hay tres usos propuestos para esta nueva tecnología que podrían interesarte. Uno podría defender que es una importantísima baza a la hora de la investigación, haciendo “apagar” y “encender genes” muchísimo más fácil, y por tanto también descifrar su función. Por ejemplo, ya se está usando para acelerar de forma increíble la investigación sobre cáncer. Pero esto solo interesaría a los científicos de la biología molecular. Así que dejemos este cuarto interés aparte.

Uso número uno: mejorar la terapia génica. Esta sufrió un fuerte revés con la muerte de Jesse Geslinger en 1999, joven de 18 años que se había ofrecido como parte de los ensayos clínicos para curar su enfermedad. El vector viral que llevaba la forma correcta del gen causó una reacción autoinmune extrema y la muerte súbita. Aunque la investigación siguió tras la tragedia, y se ha discutido hasta que punto fue fallo del método y dónde negligencia de los científicos, sigue habiendo cierto tabú asociado, la sombra de este prematuro error conduce a la prudencia en nuevos intentos. Con el nuevo método, mucho más efectivo, preciso y seguro, podrían reavivarse las promesas de la terapia génica en medicina, cumplirlas al fin. ¿Un ejemplo? Aplicado al SIDA, podría hacer a tus células inmunes a la infección, o cargarse el virus de una persona ya infectada.

Uso número dos: se puede usar para afectar a ecosistemas. Esto requiere el apoyo del gene drive, una tecnología adicional que bien podría describir en una entrada aparte. Básicamente, el gene drive nos permitiría (en un ejemplo real que se está discutiendo cómo aplicarlo ahora) modificar una población de mosquitos de forma que TODOS sean inmunes a la malaria, haciendo imposible que porten el parásito y por tanto que se lo inoculen a la población humana local. Usada adecuadamente podría salvar millones de vidas. Usada mal, podría destruir ecosistemas enteros o ser un regalo al bioterrorismo. Baste decir que esta es la aplicación que más alarma ha causado para muchos expertos, incluso teniendo en cuenta que la siguiente es….

Uso número tres: aparte del uso médico, está la siempre presente opción de usar esta tecnología para modificar a nuestra descendencia, en una especie de nueva eugenesia personalizada. Serían modificaciones escogidas por los padres y hechas con precisión en el laboratorio, con sus riesgos y conflictos éticos asociados… pero sin embargo distinta a los crímenes del siglo pasado. El resto de la entrada se centrará en esta posibilidad. 

Terminología

La distinción crucial va entre afectar a la línea celular somática o la germinal, la que distingue el uso “médico” del “eugenésico”. Aunque no son palabras típicas en el lenguaje popular, la idea es bien sencilla:

Línea celular somática/Terapia somática: Se refiere a aquellas células que forman tus órganos no gonadales y no tienen que ver con la reproducción. El factor clave aquí es que una modificación(terapia) en su ADN no pasará a la descendencia.

Línea celular germinal/Terapia germinal: Se refiere a las células directamente relacionadas con la reproducción: gametos(espermatozoides, óvulos y sus precursores), cigotos y embriones. Una modificación aquí sí que pasaría a la descendencia de la persona que se desarrollase.

Para entender las consecuencias, la logística de algunos experimentos, los proyectos de terapia y también el debate ético hay que tener clara la diferencia. Una vez un órgano está desarrollado, se vuelve harto difícil modificar todas sus células, necesitando normalmente CRISPR el apoyo de un vector viral como ya se hace en terapias génicas tradicionales. La modificación es más imprecisa y seguramente también incompleta. Sin embargo, es a lo que nos tenemos que resignar los que queramos una curación a una enfermedad(o mejora) y ya hemos nacido.

Actuar sobre un gameto, cigoto o embrión tiene la ventaja de que lo que hagas se notará en todo el organismo una vez creza. Como ocurre antes de los millones y millones de divisiones que acaban dando un adulto, la modificación estará en cada célula de este. Su problema es que bueno, causa gritos de pánico ante la eugenesia irreversible, jugar a ser dios, los niños a la carta y el uso no médico. Sus consecuencias imprevistas tendrían efecto en todas las generaciones posteriores, dicen los escépticos. Tal acusación no me parece exclusiva de intervenciones ambientales que aceptamos sin problema, pero bueno, eso es otro tema.

La cosa es algo más complicada (hay terapia tanto germinal como somática que es específica de un tejido o tipo celular concreto, por ejemplo), pero este es un resumen claro de los términos como son frecuentemente usados.

Otra diferencia, hablando ya en plata, está entre la eugenesia positiva y negativa. Son términos antiguos que pueden resumirse de este modo:

-La eugenesia positiva propaga los genes que aumentan la probabilidad de que se manifieste un rasgo presuntamente deseable.

-La eugenesia negativa evita la propagación de un rasgo supuestamente nocivo o indeseable.

Podemos ver que es una diferencia importante. Todas aberraciones del siglo pasado que la gente asocia popularmente con la eugenesia, desde la castración de los “débiles mentales” al holocausto eran, a fin de cuentas, “eugenesia negativa”. Ningún proyecto para casar y aumentar la descendencia de los individuos presuntamente superiores (lo único que Galton llegó a proponer, por cierto) llegó tan lejos ni se tomó tan en serio.

Aparte de estas diferencias en tabú del precedente histórico, es importante distinguirlas porque guían la postura de muchos con respecto a la posibilidad de intervención. Algunos rechazan ambos tipos de eugenesia (o aceptan las dos), pero otros argumentan que solo una es permisible o deseable.

Por ejemplo, alguien podría argumentar que es bueno escoger embriones o “arreglarlos” para que no sufran enfermedades como la de Huntington, la anemia falciforme, la fibrosis quística o el Síndrome de Down; pero que dejar a la gente escoger genes a la carta es ir demasiado lejos, un acto imprudente que podría tener consecuencias tanto genéticas como sociales imprevisibles o indeseables.

Por el otro lado, se podría argumentar que la eugenesia negativa es necesariamente discriminatoria. Y que sienta las bases de la pendiente resbaladiza hacia ampliar lo que cae bajo el término “indeseable” o “discapacitado” hasta que gente considerada previamente normal sea abortada o modificada antes de tener la oportunidad de existir. Sin embargo, algo que mejore las vidas (eugenesia positiva) tendría un efecto netamente positivo, siempre y cuando nos cuidemos de otros posibles efectos secundarios (como mayor desigualdad).

He intentado no evidenciar ser partidario de ninguna postura sino simplemente describir neutralmente un breve ejemplo de cómo razonarían. Espero no haber fallado.

Las diferencias cruciales entre el debate del siglo pasado y el actual

Hay algo que si me gustaría enfatizar, ya que hemos hablado de sus posibles consecuencias a nivel de sociedad. Cuando se habla del tema sale la palabra eugenesia, casi siempre con la connotación negativa que conlleva el holocausto nazi, o también otros crímenes lamentables como las castraciones llevadas a cabo en EEUU y Suecia, a lo largo del siglo pasado, de supuestos individuos “tarados” por su pobreza o demencia.

Aunque desde luego el pasado oscuro de los intentos de manipular la línea germinal humana debería estar siempre presente y hacernos actuar con cuidado, creo que hay dos diferencias entre el debate del siglo pasado y el de ahora.

La primera diferencia está en el mero conocimiento. Los que no tengáis frescas las fechas de historia de la ciencia probablemente no lo sepáis, pero la inmensa mayoría de los crímenes llevados a cabo en nombre de la puridad de la herencia se hicieron antes de que se tuviese identificada que molécula era responsable siquiera. El ADN no fue declarado responsable de la transmisión genética hasta 1953. Los planes de los eugenistas de la primera mitad del siglo XX no solo eran inmorales, también eran totalmente ineficaces: muchos ni si quiera eran conscientes del concepto de “portador (hetericogoto) sano”. Y cuando lo eran, si un rasgo no se ajustaba a la herencia mendeliana(la única bien conocida en aquel entonces) llegaban a negarse a aceptar sus resultados y no publicaros. Inmorales, ignorantes y deshonestos. Menuda panda.

Creo que la actual genética molecular (que avanzan a una velocidad vertiginosa) está tan avanzada que no es descabellado comparar el conocimiento actual y el de los antiguos eugenistas con la diferencia entre la química industrial moderna y la alquimia. Supongo que lo sabríais, pero veo necesario enfatizar la vastísima diferencia de un siglo de conocimiento científico acumulado, sobretodo en un campo como este.

Segunda diferencia: aunque las intenciones de los primeros eugenistas, como Galton iban más por incentivar (incluso subvencionar) la reproducción de los “virtuosos”, pronto los supuestos superiores genéticos decidieron que les resultaría menos molesto dedicarse a impedir la reproducción de los “tarados”, mediante la fuerza o el soborno. Solo en EEUU (no digamos ya Alemania) se esterilizó a 65000 personas. Hablamos del gobierno limitando la libertad reproductiva de los desafortunados para fines supuestamente eugenésicos.

La diferencia realmente crucial es que este siglo nos encontraremos en la encrucijada vuelta patas arriba. Ahora lo que conllevaría limitar la libertad reproductiva de la gente sería evitar la mejora genética del linaje de la población, no iniciarla. La inmensa mayoría de los padres quieren el mejor destino posible para sus hijos. Esto es particularmente cierto en el caso de las enfermedades que causan una terrible pérdida de la calidad de vida de la descendencia. ¿Es correcto negar a los padres el derecho a poner todos los medios posibles para evitar enfermedades hereditarias? ¿Qué ocurre en campos que se alejan de la salud y los derechos básicos, y entran en la simple mejora de los rasgos que varían en la población normal? ¿Es frívolo o tan habitual como las mejoras clásicas por medios ambientales? ¿Es posible permitir esta tecnología sin generar mayor desigualdad? ¿Es posible prohibirla sin generar mayor desigualdad, al ser solo accesible para aquellos que puedan pagársela en un inevitable mercado negro?

No digo que debamos dar por zanjados los debates éticos, el avance tecnológico en pos de mayor precisión y seguridad o el análisis de las implicaciones sociales. Al contrario, deberían empezar tan pronto como sea posible. Pero hay que tener claro que todas estas preguntas son muy distintas a la que nos podíamos hacer el siglo pasado: “¿Es ético esterilizar o matar a alguien porque nos asusta la idea de que la gente como él o ella se multipliquen?” a la cual la respuesta es un rotundo no.

La falacia de los bebés a la carta

Hay un problema, sin embargo, que veo en la forma de que muchos medios informan sobre este tema, influenciados por la sensacionalización de los resultados y tal vez las novelas y películas sobre el tema. Esto es, creer que por el hecho de saber modificar el genoma tenemos acceso a un editor de personajes no muy distinto al de, qué sé yo, los Sims. O Spore.

Tenemos aquí la confusión más importante que quiero dejar bien clara: Ni aunque mañana pudiésemos decidir el genoma de nuestra descendencia, incluso dictado y sintetizado de cero e introducido en un cigoto previamente vaciado o alguna salvajada así, podríamos llegar al nivel de precisión de crear la persona deseada a la que nos tiene acostumbrada la ciencia ficción.

En parte es obvio. Todo rasgo de un ser humano depende también del ambiente, y ni si quiera un programador omnisciente podría crear la persona deseada solo con dictar el genoma, si nuestro sabelotodo no puede impedir que esta sea criada en un ambiente horrible que la haga crecer analfabeta, enferma y hambrienta hasta ser devorada por las hienas antes de cumplir los doce años. Pero incluso suponiendo que podamos también escoger un ambiente propicio, simplemente no tenemos la lista de los 20,000 genes y su función, en conjunto y por separado, que nos permita crear el cóctel perfecto para el resultado deseado.

Se entiende más fácilmente por analogía, así que allé voy. Secuenciar el genoma, lo que el proyecto del Genoma Humano logró a principios de siglo y tanto barullo montó, no es más que acceder al pdf del genoma humano. Nos permite leerlo, pero la edición está bloqueada. Esto ha bajado drásticamente de precio desde el primer caso, desde cientos de millones de dólares, miles de investigadores y años de esfuerzo; hasta ser algo casi trivial siempre y cuando tengas el funding necesario. Sigue dando jaquecas a veces, pero no hay comparación. En coste tampoco, ahora puedes conseguir una secuencia de un genoma completo por pocos cientos de dólares en cuestión de días. Confío en que antes de que servidor empiece a notar canas se venderán juguetes para secuenciar tu genoma con la caja de cereales.

(Vale, acabo de exagerar, pero solo un poco.)

Las nuevas tecnologías nos permiten editar el texto del genoma humano. Eliminar una enfermedad causada por un solo gen defectuoso sería como corregir una falta de ortografía que sangre a los ojos, como jobem, bamos haber o confundir ay, ahí y hay. ¿Pero después de eso, qué nos queda? Yo puedo saber inglés, pero eso no me permite escribir Hamlet desde cero. Con los genomas pasa lo mismo, pero con un lenguaje mucho más indescifrable que el inglés. 

¿Qué podrían hacer unos ricachones con pocos escrúpulos una vez la tecnología sea segura con el conocimiento actual? Bueno, podrían mejorar el bienestar de su hijo bastante, principalmente cambiando alelos de riesgo para enfermedades como cáncer, diabetes o alzheimer. Podrían seleccionar su aspecto, dentro de ciertos límites bien estudiados como el color de los ojos, el tipo y color de pelo o piel. Pero incluso moldear su rostro sería tarea harto complicada e inconveniente. Moldear su inteligencia, personalidad u otros rasgos conductuales o muy poligénicos sería poco menos que imposible. Como mucho podríamos aspirar, hoy por hoy, a un pequeño empujoncito en la dirección deseada, no del todo seguro. Nada más.

Repíteselo a cualquier amigo que comente el tema: Incluso obviando las barreras tecnológicas, incluso olvidando los efectos secundarios no deseados, no sabemos cómo el genoma influye en la mayoría de rasgos. Sabemos que lo hace. No sabemos cómo, que sería lo crucial para editar en plan catálogo, los “bebés a la carta”. Preocuparse por eso es como preocuparse por qué pasaría si se usa esa tecnología para crear los monos voladores de El Mago de Oz. Hasta nueva noticia, el elenco de modificaciones prudentes se limita a poco más que las bien estudiadas por su relación a la salud.

Ejemplo: George Church y las 10 modificaciones que metería a tu bebé

Vale, coñas con el título aparte, existe un investigador que ha llevado la contraria a la mayoría de sus colegas estadounidenses: él no ve el genoma embrionario como un santuario que no debe tocarse. Para este hombre, la ética de la edición germinal humana se reduce a su seguridad; tras esto se trata de una opción más para mejorar nuestras vidas. Es importante remarcar CUqwuHgU8AAT2TQ.pngque el Dr. Church no es exclusivamente un loco que hace experimentos inhumanos en el sótano de su casa (ya no), sino un profesor de genética en la universidad de Havard que dirige investigación biotecnológica valiosa y totalmente puntera. Estos son los diez alelos que él propone como versiones raras que, sin embargo, tendrían un efecto positivo notable que querríamos propagar:

  1. El gen MSTN tiene una variante que facilita la formación de masa muscular. Esta es muy rara, pero particularmente común en atletas.
  2. Ciertas versiones del gen para la hormona del crecimiento (GHR) no muestran un impacto notable en el crecimiento humano, pero son sin embargo anticancerígenas
  3. Alterar los genes CCR5 y FUT2 nos haría más resistentes a las infecciones víricas.
  4. Un alelo concreto del gen PCSK9 bajaría el riesgo de enfermedad coronaria un 88%, reduciendo drásticamente la mortalidad por accidente cardiovascular.
  5. Cierta mutación que causa actividad aumentada en el gen LRP nos daría huesos ultraduros. Ni si quiera el taladro quirúrgico convencional podría perforarlos.
  6. Otra mutación del gen APP tendría un notable efecto protector contra el alzheimer.
  7. Manipular el gen SCN9A lograría, sin hacer desaparecer esta por completo, reducir muy notablemente la sensibilidad al dolor.
  8. Variantes raras del gen IFIH1, responsables de la respuesta antiviral, protegen también contra la diabetes tipo 1.
  9. Silenciar, o al menos reducir la actividad del gen IFIH1, por su parte, protegería contra la diabetes tipo 2.
  10. Finalmente, una versión del gen ABCC11 relativamente común en el sudeste asiático lograría hacer que el olor corporal desapareciera casi por completo.

¿Qué te parece? Como mínimo hay que reconocer que ahorrarían mucho gasto médico y sufrimiento, y revolucionarían el uso del transporte público en el caso del último. Lo que me gustaría enfatizar es que no todos los genes nacen iguales. Unos pocos tienen portadores perfectamente sanos que sin embargo tienen una ventaja sobre el resto de los mortales. Alguien con profundos conocimientos de genética humana es capaz de casi asegurar que volverlos la norma en la población no tendría efectos secundarios no deseados. ¿Aceptarías las modificaciones que propone Church? ¿Seríamos capaces de quedarnos con este tipo de cambios sin ir más allá, hacia decisiones más frívolas, arriesgadas y tal vez egoístas?

Final: Precauciones generales

El ejemplo anterior nos sirve para ilustrar que no todas las modificaciones en nuestro genoma son comparables. Algunas, por su aparente seguridad y claro efecto en luchar contra las calamidades que amenazan nuestra civilización como el cáncer, el alzheimer, la diabetes o la peste a sobaco, podrían parecer a algunos imperativos morales una vez dispongamos de métodos seguros. Hablamos de la salud de la gente, dirían. ¿Pero qué ocurre si vamos un paso más allá? ¿Qué ocurre si queremos modificar a la gente no solo evitando enfermedades, si no mejorando sus capacidades?

Para muchos saldríamos aquí del campo de la medicina, pero solo para algunos hace la mejora de la especie humana un fin inmoral. Apelan a la supuesta sabiduría de la madre naturaleza, a la evolución como un maestro ingeniero cuya creación mejor no tocar, pues solo podemos dañar su obra maestra. Mi respuesta sería, después de la carcajada, que la evolución es un proceso ciego, lleno de errores, amoral para el estándar humano (pues solo “quiere” la multiplicación del mejor adaptado, algo que casi nunca casará con nuestras sensibilidades éticas), y que de hecho algunos divulgadores dicen que la mejor prueba a favor de la evolución son sus imperdonables gazapos y rodeos innecesarios en el desarrollo del ser vivo.

Dicho lo cual, cada modificación ha de evaluarse por separado. Aquí hay siete consejos, o si lo prefieres reglas, con las que evaluar tu confianza en una intervención genética. Cuanta más cumpla, mejor.

  1. La intervención tiene como objetivo genes que se activan en momentos breves y tardíos del desarrollo, embrionario u ontogénico. Esto reduce drásticamente el riesgo de efecto no deseados en forma de “cascada”, inesperadas influencias en el fenotipo final.
  2. También sería prudente empezar (o limitarse) a modificaciones que afecten a la variación normal de ese rasgo, en lugar de sobrepasar el extremo benigno de este. Por ejemplo, siendo el resto de condiciones iguales, supongamos dos opciones. La primera, una batería de intervenciones genéticas que suban el CI de la población más desafortunada genéticamente de forma que tras recibir una educación y ambiente favorecedor para todos, la nueva media de la población sea el actual 120. La segunda, planear en nuestro Laboratorio Del Mal™, con una apropiada tormenta de fondo, combinar las características genéticas de los genios de CI superior a 170 que tenemos secuestrados con la esperanza de crear un inigualable genio con una puntuación cercana a 240-300. Ética y factura de los efectos especiales aparte, es mucho más probable que la caguemos en el segundo intento.
  3. Los efectos de nuestra intervención deberían ser contenibles a un solo organismo. Es decir, si a pesar de todo hay efectos secundarios no deseados, estos deberían afectar solo al individuo sobre el que hemos intervenido.
  4. Deberían ser modificaciones reversibles, incluso si son sobre la línea germinal. Esto es, rutas lo bastante conocidas en el adulto que de salirnos rana la edición, poder revertirla con la terapia somática adecuada.
  5. Los efectos del gen deberían notarse, sobretodo, en un órgano o sistema concreto. Esto impide efectos inesperados en otras partes del cuerpo que puedan hacer el remedio peor que la enfermedad.
  6. La morfología general del individuo sobre el que intervenimos no debería verse drásticamente modificada. A más radical el cambio en el desarrollo, más probable son los efectos secundarios horribles.
  7. Por último, si queremos eliminar un alelo perjudicial, debemos asegurarnos de que las funciones de este son bien entendidas en, por lo menos, los contextos razonables del país en el que la persona vivirá. Incluso un rasgo “malo” puede tener efectos beneficiosos en otros contextos u otros órganos. Saber si hablamos de un accidente evolutivo en vez de un rasgo seleccionado, o si esa selección ocurrió claramente en un ambiente totalmente distinto a la sociedad moderna, podría darnos cierta seguridad de que sabemos lo que estamos haciendo.

Ninguna de estas siete direcciones es una garantía. En su lugar, son meras directrices con las que reducir el riesgo. Creo que se entienden fácilmente y que, incluso si son una simple lista de consulta en vez de algo memorizado, podrían ayudar a cualquier interesado a decidirse: ¿Es esta modificación genética que me proponen algo prudente, beneficioso, deseable? ¿O es demasiado arriesgado?

Conclusión

Se vienen tiempos interesantes, como decía la maldición china. El avance de la tecnología es en cierto modo, inevitable. Si no lo hacemos nosotros, otros países lo harán. Está en manos de los científicos, divulgadores y el público asegurarse de que se haga con el menor daño y el mayor beneficio posible para la población general, que no se repitan errores pasados ni se cometan nuevos, decidir hasta dónde estamos dispuestos a llegar. Es importante que promuevas el debate entre la gente que conozcas, que tengan las ideas claras, porque si hay algo que aseguraría el desastre sería una población desinformada que deja que otros escojan qué modificaciones genéticas hacer a la nueva generación por ti. Podemos romper las limitaciones de nuestra naturaleza y acabar más libres y felices, o caer en una distopía como la que incontables obras de ciencia ficción auguraban. Depende solo de nosotros.

Apéndice al Heredabilidad FAQ II(Inception!): Interacciones genes-ambiente en obesidad e inteligencia.

Caso 1: Heredabilidad de la obesidad y horas de sueño

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Qué podemos dar por sentado a priori en esta gráfica? Pues bien, podemos saber que la contribución genética aditiva para la inmensa mayoría de la población estará entre poco menos de 40% y 80%, y que el ambiente no compartido es responsable del 20% de manera estable. ¿A qué se debe tal marco de inseguridad? Si miramos el eje inferior, se debe a la interacción entre las horas de sueño y el impacto de los genes. Así, la susceptibilidad genética es más importante para la gente que duerme poco, mientras que cuantas más horas de descanso logra la persona, más importa el ambiente compartido, desde una influencia negligible a cerca del 40% de la varianza si la persona duerme más de 9 horas y media1.

¿Por qué he elegido este ejemplo? Porque ilustra bien lo que he explicado anteriormente. Una persona más o menos susceptible a la obesidad lo será en casi cualquier ambiente, por desgracia. Sin embargo, una alternativa que tiene para restar importancia a su susceptibilidad y tener más control sobre su peso sería (advierto, extrapolando salvajemente un estudio de 1100 gemelos que aunque trabajando sobre un mecanismo bien conocido miraba unas pocas variables), simplemente, dormir más. Estas horas de sueño permiten al ambiente compartido intervenir, por así decirlo. Por tanto, no podemos decir con seguridad cuál es la heredabilidad de la obesidad (más allá de nuestra estimación inicial de entre 40% y 80%) sin saber antes las horas de sueño de la persona. Estas condicionan tanto el valor de riesgo genético como el poder del ambiente compartido.

¿Qué insinuaría esto? Pues bueno, supongamos una persona que quiere perder peso para no acabar obeso como sus padres. No sería buena idea sacrificar hora y media de sueño para ocuparlas con 45 minutos de ejercicio y 45 minutos de cocinar mejor su comida para no consumir demasiados alimentos prepreparados. Esto es una interpretación simplona pero que aún así puede encerrar importantes implicaciones: las horas de sueño en EEUU, por ejemplo, han disminuido las últimas décadas una barbaridad entre los trabajadores: 40 millones hacen de media menos 6 horas de sueño 2. Esto podría ser una de las causas detrás de la epidemia de obesidad que ha sufrido el país en las décadas.

En general, igualmente, me da un buen ejemplo de cómo considero que han de ser entendidas las interacciones genes-ambiente: Nos dan un área de “inseguridad” más amplia de lo habitual para la estimación de heredabilidad y ambientalidad. Esta no puede determinarse hasta que conozcamos el valor de una tercera variable ambiental concreta, que es la que causa esta interacción. Por lo tanto, no cancelan la sospecha de influencias genéticas en un rasgo, pero si le añaden un grado de inctertidumbre, mayor o menor, que ha de ser explorado con mayor cuidado que en los casos de aditividad simple.

Caso 2. La interacción gen-ambiente y el sesgo de muestra: el caso de clase social e inteligencia

Un caso particularmente cantoso tan reciente que en las citas anteriores aún no estaba establecido. Hemos mencionado que nuestras fuentes de conocimiento muchas veces se centran en adopciones, a ser posible de gemelos. Esto introduce un sesgo de selección en nuestra muestra importante: los niños no se dejan en adopción a cualquiera. Suele darse a familias en las que se “confía” para cuidar apropiadamente de los niños, desproporcionadamente familias de clase media-alta. Para las muestras más grandes, típicamente de países Escandinavos, además. Esto nos dio una rica documentación de cómo un ambiente más favorable, dentro incluso de la varianza en países desarrollados, puede conducir el desarrollo de la inteligencia de muchachos que de otro modo habrían crecido en la clase baja trabajadora u obrera. Pero durante más de medio siglo, poquísima información en la otra dirección.

No fue hasta 2003 cuando se comprobó de forma rigurosa que la heredabilidad de la inteligencia se desploma una vez hablamos de familias de status socioeconómico bajo3. En su lugar, la importancia del ambiente compartido se dispara hasta el 60%. El resto de estudios intentando replicar este efecto han encontrado efectos más moderados, en algunos casos como en los países escandinavos este efecto no parece encontrarse, pero sí parece estar replicado en la mayoría de intentos, incluyendo otras muestras históricas de EEUU y RU. Hay mucha pelea en torno a si se trata “realmente” de mayor impacto genético en clases altas o mayor impacto ambiental en clases bajas. Revisar la literatura por completo daría para otra exhaustiva entrada que a lo mejor no te interesa, pero la conclusión en general es esta: existe una interacción GxE entre la clase social (entendida como status socioeconómico) y la heredabilidad de la inteligencia. Esta parece indicar que los más pobres no aprovechan por completo su potencial genético: son personas a las que estamos fallando.

MYEEEH

(Edit: Este estudio reciente encuentra que de momento solo se ha confirmado el efecto de forma uniforme y replicada en EEUU. Arriba tenéis los resultados que ilustran lo complicado de hablar de un solo valor de heredabilidad para la inteligencia).5

Dos conclusiones salen de este caso particular.

La primera, que incluso en un tema estudiado hasta la saciedad como la inteligencia humanam un sesgo de muestra puede pasar inadvertido durante décadas, simplemente porque las familias adoptivas no representan toda la diversidad familiar a nivel nacional. Hasta qué punto este efecto puede darse en otros rasgos es algo que, por desgracia, hay que mirar caso por caso, en cada muestra y rasgo. No requiere solo un sesgo de clase (p.ej) entre las familias adoptivas, sino también que este tenga impacto causal sobre la característica a estudiar. Con un poco de suerte, los estudios de genómica evitarán estos sesgos con más facilidad.

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